Púlpito Evangélico EL HOMBRE QUE VOLVIÓ AGRADECIDO

EL HOMBRE QUE VOLVIÓ AGRADECIDO

Pastor Jorge L. Cintrón

 

Texto Básico: Lucas 17:11-19

Versículo clave: Lucas 17:15-16

 

Mensaje presentado en el Pabellón de Oración de la Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico el 5 de julio de 2026 – 10:15 AM

 

“Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, 16 y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y este era samaritano.”

 

Introducción

 

Un encuentro genuino con Jesucristo produce un corazón agradecido que reconoce la gracia recibida, regresa al Señor y le adora.

 

Vivimos en una época donde muchas personas esperan recibir, pero pocas se detienen a agradecer. Agradecemos cuando recibimos algo extraordinario. Sin embargo, con frecuencia olvidamos agradecer las bendiciones cotidianas que disfrutamos todos los días.

 

La salud, la familia, el alimento, la provisión y la salvación son regalos que muchas veces damos por sentados.

 

La historia de los diez leprosos presenta una realidad sorprendente. Diez hombres recibieron el mismo milagro. Diez hombres experimentaron la misma compasión de Cristo. Diez hombres comenzaron el mismo camino. Sin embargo, solamente uno regresó para dar gracias.

 

Este relato nos enseña que existe una diferencia entre recibir una bendición y desarrollar una relación con el Salvador.

 

Muchas personas desean las bendiciones de Dios.

 

Solamente algunas desarrollan un corazón agradecido que vuelve a los pies de Cristo.

 

JESÚS VE NUESTRA NECESIDAD Y RESPONDE CON COMPASIÓN.

 

Los diez hombres vivían una situación verdaderamente desesperante. Eran leprosos. La lepra destruía lentamente el cuerpo. La lepra robaba la dignidad de la persona. La lepra aislaba a quienes la padecían. Eran hombres excluidos de la sociedad. No podían vivir normalmente con sus familias. No podían participar libremente en la vida religiosa. Eran considerados impuros.

 

La enfermedad había borrado muchas diferencias entre ellos. Había judíos. Había samaritanos. La necesidad los había unido. Jesús vio más allá de su apariencia exterior. Vio personas sufriendo. Vio personas necesitadas. Vio personas que requerían la gracia de Dios.

 

Cristo continúa mirando a las personas de la misma manera. Ve nuestros sufrimientos. Ve nuestras luchas ocultas. Ve las heridas que otros no conocen.

 

Cuando una persona observa un edificio antiguo puede ver solamente grietas y deterioro. Sin embargo, un arquitecto experimentado puede visualizar la estructura restaurada y renovada. De igual manera, Cristo no solamente ve nuestra condición presente; también ve lo que su gracia puede hacer en nuestras vidas.

 

LA FE OBEDECE AUN ANTES DE VER LOS RESULTADOS.

 

Los leprosos reconocieron su necesidad. Sabían que no podían ayudarse a sí mismos. Comprendían que dependían de la misericordia de Jesús.

 

Levantaron sus voces y clamaron. No pidieron justicia. No reclamaron derechos. Suplicaron misericordia.

 

Jesús les dio una orden inesperada. Debían presentarse ante los sacerdotes. Debían comenzar a caminar antes de ver el milagro.

 

La fe verdadera muchas veces actúa antes de ver los resultados. La fe confía en la palabra de Dios. La fe obedece aunque todavía no vea la respuesta. La fe camina aunque todavía no contemple el milagro.

 

Mientras iban fueron limpiados. La sanidad llegó durante la obediencia. El milagro ocurrió mientras caminaban.

 

Cuando un agricultor siembra una semilla, no ve inmediatamente la cosecha. Sin embargo, continúa trabajando porque confía en el proceso. De igual manera, la fe obedece la palabra de Dios aun cuando todavía no puede ver el resultado final.

 

UN CORAZÓN AGRADECIDO RECONOCE LA MANO DE DIOS EN SUS BENDICIONES.

 

Los diez hombres fueron sanados. Los diez recibieron misericordia. Los diez recibieron una nueva oportunidad. Los diez experimentaron el poder de Cristo.

 

Sin embargo, solamente uno reaccionó de manera diferente. Vio que había sido sanado. Reconoció el origen de la bendición. Comprendió que debía regresar. Lo que para los otros nueve fue simplemente una sanidad, para él se convirtió en una oportunidad para acercarse más a Jesús.

 

La gratitud comienza cuando reconocemos que Dios es la fuente de todo lo bueno que recibimos. La salud es un regalo. La provisión es un regalo. La familia es un regalo. La salvación es un regalo.

 

Muchas personas disfrutan las bendiciones de Dios sin reconocer al Dios de las bendiciones.

 

La gratitud transforma la manera en que vemos la vida. Nos ayuda a reconocer la fidelidad de Dios. Nos ayuda a recordar la bondad de Dios. Nos ayuda a vivir con humildad delante de Dios.

 

LA GRATITUD GENUINA NOS CONDUCE DE REGRESO A LOS PIES DE JESÚS.

 

El samaritano decidió regresar. Pudo haber continuado su camino. Pudo haber corrido a reunirse con su familia. Pudo haber celebrado su nueva libertad. Sin embargo, primero regresó a Jesús.

 

Su gratitud fue visible. Volvió glorificando a Dios a gran voz. No se avergonzó de expresar su agradecimiento.

 

Su gratitud fue humilde. Cayó rostro en tierra. Se postró a los pies del Señor.

 

Su gratitud fue personal. No agradeció desde la distancia. Regresó a la presencia de Cristo.

 

Una de las señales más claras de la madurez espiritual es la capacidad de agradecer a Dios de manera constante.

 

EL MAYOR MILAGRO NO FUE LA SANIDAD, SINO LA SALVACIÓN.

 

Jesús formuló una pregunta que todavía resuena en nuestros corazones. ¿No fueron diez los limpiados? ¿Dónde están los otros nueve?

 

Los nueve recibieron una bendición temporal. Recuperaron la salud. Recuperaron sus vidas. Recuperaron sus familias.

 

El samaritano recibió algo aún mayor. Regresó a Cristo. Escuchó las palabras del Salvador. Experimentó una relación personal con Él.

 

Jesús declaró: “Tu fe te ha salvado.”

 

El encuentro transformador no terminó con una piel limpia. Terminó con un corazón transformado. Terminó con una fe salvadora. Terminó con una vida reconciliada con Dios.

 

Conclusión

 

Los diez hombres tenían la misma necesidad.

 

Los diez recibieron el mismo milagro.

 

Solamente uno volvió agradecido.

 

La diferencia no estuvo en la bendición recibida. La diferencia estuvo en la respuesta a la bendición.

 

Los nueve siguieron disfrutando el regalo. Uno regresó para conocer más profundamente al Dador del Regalo. Los nueve recibieron una bendición de Jesús. Uno desarrolló una relación con Jesús.

 

Muchas personas desean que Dios bendiga sus vidas. Pero el propósito de Dios no es solamente bendecirnos. El propósito de Dios es conducirnos a una relación personal con Jesucristo.

 

El hombre que volvió agradecido descubrió que la mayor bendición no era una piel sana. La mayor bendición era estar a los pies del Salvador.

 

La pregunta para nosotros es esta: ¿Somos de los nueve que reciben la bendición y continúan su camino, o del uno que regresa para adorar y agradecer al Señor?

 

Jorge Cintron
Jorge Cintronhttp://www.elversiculodeldia.com
Pastor en Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico

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