Nadie más, encontrándose en las condiciones en que
estaba Jesús, colgado en la cruz del Calvario, habría
tenido la fortaleza espiritual ni el amor suficiente
para velar por el bienestar de su madre afligida,
confiándola al cuidado de alguien cercano.
Una vez más, Él nos demuestra
que cuida de cada detalle.
Después dijo al discípulo: He ahí tu madre.
Y desde aquella hora el discípulo
la recibió en su casa.
Juan 19:27
