
Una de las cosas que más me llama la atención de los actos que Jesús realizó durante su vida en la tierra está relacionada con el hecho de que lo que hacía no era lo que el común de la gente de esa época esperaba.
Por ejemplo, cuando se relata la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, se esperaba que, al cumplir la profecía, el Mesías esperado llegara como un rey que tomaría el dominio para restablecer el poder y la soberanía de Israel; pero Jesús entra montado sobre un burrito.
Quizás lo que el pueblo tenía en mente era que este Mesías los libertaría de la opresión política y militar que el imperio romano había establecido sobre ellos; ya conocían de las batallas que libró David, de la reconstrucción de los muros que lideró Nehemías y de la victoria que Josué proporcionó al entrar en la tierra prometida.
Pero la realidad fue muy diferente, Jesús les hablaba de la paz, una que “no es como el mundo la da”; les habló de “colocar la mejilla cuando les golpearan en la otra”.
Quizás por esto, muchos de los que cantaron “¡Hosanna!, ¡Hosanna!” el día de la entrada triunfal fueron los mismos que dijeron “¡Crucifíquelo!, ¡Crucifíquelo!”, en el día del juicio ante Poncio Pilato.
Así como las expectativas sobre la manera de actuar del Señor de muchos en esa época estaba equivocada, creo que hoy en día sucede igual, es decir que hay cristianos en el mundo entero que están esperando que el Señor actúe de una forma, pero al final lo que El hace es totalmente diferente, o incluso opuesto a lo que ellos estaban pensando, y por lo tanto su fe se debilita o se alejan del Señor.
En la Biblia, en el evangelio de Mateo, capítulo 6, verso 10, se relata una parte de la respuesta que Jesús les dio a sus discípulos sobre cómo orar, y dice así:“Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. (RVR60)
La oración debe ser “Señor, que se haga tu voluntad en mi vida”, porque así no estarás esperando que Dios actúe como tú quieres, sino que le entregas tus resultados a Él, para que lo que Él tiene para ti, que sabes de antemano que es algo bueno y perfecto, se cumpla.
De esta forma nunca juzgarás su proceder, nunca sufrirás porque no llega lo que estabas esperando, sino que, por el contrario, estás en paz y con gozo esperando que el Señor te sorprenda.
Oremos “Amado Señor, reconozco que Tu voluntad es lo mejor para mi vida. Hoy renuncio a la falsa expectativa y a creer que mi plan y mis deseos son mayores que los que Tú tienes para mí. Creo que solo lo bueno me llegará y que se cumplirá por completo todo lo que has prometido en Tu Palabra. Mi presente y mi futuro están en Tus manos. Esto lo afirmo; lo declaro en el Nombre de Jesús. Amén.”
Versículo “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. Mateo 6:10 (RVR60)
Buen dia
Juan C Quintero
buendiatodoslosdias.com
