
«Sin embargo, cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la ley» Gálatas 4:4
Cuando Jehová entregó la Ley a Moisés en el Sinaí, Él sabía que el hombre no podría cumplirla en su totalidad, es decir, perfectamente. Sabía que muchos fieles a Él harían su mejor esfuerzo, incluso sacrificial, como por ejemplo los profetas, que pagaron con sus vidas su lealtad a Dios. Pero también sabía que vendría Cristo y sí la cumpliría.
Con todo esto, todos los profetas y fieles del Antiguo Testamento, es decir, antes que Cristo viniera, no fueron salvos por sacrificar sus vidas, ni tampoco por dar un “buen ejemplo”, ni por esforzarse en “cumplir” la Ley. Fueron salvos porque su fe en Dios los hacía tomar esas decisiones, y Dios a su vez les otorgaba el Don de Salvación en Cristo. Es decir, confiaron en Dios, y Dios entonces los salvó.
Entonces, vino Cristo a cumplir la Ley, “se sujetó”, vivió conforme a Ella todo el tiempo de Su Vida, y no falló en ni una jota y ni una tilde. Cristo cumplió la Ley, fue “el postrer Adán” (1 Corintios 15:45), es decir, la segunda y última oportunidad que tuvo el hombre, la humanidad, para obedecer a Dios fielmente.
11 Febrero 2026

