El Dios que transforma
Pastor Jorge L. Cintrón
Mensaje para ser presentado en el Pabellón de Oración de la Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico el 16 de noviembre de 2025, 10:15am
Texto Bíblico: Hechos 9:5-6
“Y él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.”
La conversión de Pablo fue uno de los eventos más trascendentales en la historia de la iglesia. Lucas, el historiador, la narra tres veces en Hechos. No es casualidad: Dios quería que la iglesia entendiera que nadie está tan lejos que no pueda ser transformado por la gracia.
Antes de encontrarse con Cristo, Saulo era un hombre religioso, pero vacío, correcto pero cruel, celoso, pero ciego.
Salió de Jerusalén respirando amenazas y muerte… y regresó con los ojos abiertos y un corazón encendido de amor. Podríamos decir que Saulo entró al camino de Damasco como perseguidor, y salió como predicador. Saulo entró viendo por fuera pero ciego por dentro… y salió ciego por fuera, pero viendo claro por dentro. Y todo esto fue obra del Dios que transforma. Lucas cierra este episodio con una frase que resume el resultado de esa transformación: “Entonces las iglesias tenían paz… eran edificadas… y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo.” (Hechos 9:31)
Donde hay transformación genuina, hay paz, edificación y crecimiento.
Pablo, en Filipenses 3:7–11, nos abre su corazón y confiesa: “Cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo.” Antes de Cristo, Saulo confiaba en su religión, su linaje y su reputación: “Circuncidado al octavo día… fariseo… perseguidor… irreprensible.” (Filipenses 3:4-6) Pero después del encuentro, todo eso quedó atrás. Lo que antes consideraba trofeos, ahora los veía como basura comparada con la excelencia de conocer a Jesús.
Eso es lo que hace Dios cuando transforma: cambia nuestras prioridades, nuestro enfoque y nuestro corazón.
Pablo, en 1 Corintios 15:8-10, señala: “Por la gracia de Dios soy lo que soy.” Ya no habla de méritos, sino de gracia. El que perseguía la iglesia ahora la pastorea. El que destruía la fe ahora la defiende. El que respiraba amenazas ahora respira adoración.
Esa es la obra de un Dios que no desecha, sino que renueva.
Lucas nos muestra que en Damasco Saulo fue derribado, cegado y luego levantado. Dios tuvo que derribarlo para levantarlo como siervo. Y a veces Dios permite que seamos derribados, no para destruirnos, sino para levantarnos renovados y más firmes.
Cuando Cristo se le aparece, no solo le pregunta: “¿Por qué me persigues?”, sino que lo confronta con una verdad profunda: “Yo soy Jesús.” Esa revelación no fue producto de una emoción ni de un razonamiento humano. Fue una revelación del Espíritu Santo al espíritu de Saulo.
Solo cuando el Espíritu abre los ojos del corazón, uno puede decir: “Jesús es el Señor.” (1 Corintios 12:3)
Ananías… le impuso las manos… y al momento le cayeron de los ojos como escamas. (Hechos 9:17-18)
¡Qué símbolo tan hermoso: las escamas del pasado cayeron!
Así mismo, cuando Cristo entra en la vida de alguien, caen las escamas del orgullo, del pecado, de la dureza y del miedo. Y muchos de nosotros sabemos lo que es vivir con escamas en el alma… hasta que Cristo nos toca.
A partir de ahí, Pablo inicia una nueva vida con marcas claras de transformación:
- Recibe la revelación de que Jesús es el Salvador.
- Obedece inmediatamente a la voz del Señor.
- Es bautizado como testimonio de su fe.
- Se une a la comunidad de creyentes.
- Desarrolla una vida de oración.
- Comienza a testificar poderosamente de Cristo.
- Permite que la gracia siga obrando día tras día.
Eso es transformación: un proceso que comienza en un instante, pero se cultiva toda la vida.
Aquel encuentro en el camino de Damasco cambió la historia de un hombre… y también la historia de la iglesia.
Y hoy, el mismo Jesús sigue saliendo al encuentro de quienes caminan por caminos equivocados.
El Dios que transformó a Saulo en Pablo aún transforma corazones endurecidos en corazones sensibles, religiosos en adoradores, pecadores en testigos de su gracia. “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es.” (2 Corintios 5:17)
Cuando Cristo se revela, la historia personal cambia. Cuando Cristo transforma, las escamas caen, el pasado se borra y un nuevo propósito se enciende.
El mismo Dios que transformó a Saulo en Pablo quiere transformar tu historia…
Y hoy, si hay algo en tu vida que necesita ser transformado… Él está aquí, como estuvo en el camino de Damasco.
¡Porque cuando Cristo entra, nada vuelve a ser igual!
¡Porque Cristo no solo cambia el rumbo… cambia el corazón!

