Mi iglesia
Pastor Jorge L. Cintrón
“Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo. Ministrando estos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.” Hechos 13:1-3
Introducción
Durante toda mi vida cristiana, antes de ser pastor, solo tuve una iglesia a la cual asistía: la Primera Iglesia Bautista de Río Piedras. Mi único pastor lo fue el Rev. Francisco F. Colón Brunet. Desde recién nacido hasta que fui enviado al ministerio pastoral, esa fue mi iglesia. Reconozco que no siempre estuve de acuerdo con todo lo que se hacía o decidía allí, pero siempre amé a mi iglesia y a mi pastor.
Mi iglesia era la mejor iglesia, y mi pastor, el mejor pastor. Con el tiempo desarrollé un concepto profundo de fidelidad y compromiso con mi iglesia.
Mi pastor, de tiempo en tiempo, repartía a los asistentes una lectura titulada “Mi Iglesia ante todo.” Es un texto hermoso que formó parte de mi crecimiento espiritual.
Mi Iglesia Ante todo
Sí, mi iglesia, ante todo. Hay muchas iglesias. Todas son hermanas de la mía y sus miembros también mis hermanos. Siento que debo amarlos a todos, como si fuésemos una sola familia pues así lo pide el Señor de cada uno de nosotros. Cuando oro, pido por todas las iglesias, que Dios las bendiga y las prospere y que puedan resolver los problemas a que muchas veces se enfrentan. Pido que mantengan en alto el testimonio de la fe cristiana y que proclamen el mensaje del evangelio a todos los hombres.
Cuando voy a dar de mi dinero, de mi talento, de mi tiempo y de todos mis haberes, debo hacerlo generosamente, sin reparar a que iglesia lo doy, pues haciéndolo así estoy contribuyendo a la obra de Dios en el mundo.
Cuando voy a adorar a Dios tampoco tengo reparos de ninguna especie. Puedo hacerlo en cualquier templo o junto a cualquiera de mis hermanos. Si tu corazón es limpio, dame la mano y eso basta. Todo eso es así, pero hay que reiterar que mi iglesia es ante todo. Mi primer amor y mi primera obligación es para mí iglesia. Si, para esa iglesia donde estoy creciendo y fortaleciéndome espiritualmente. Para mi pastor que vela por mi alma y me prodiga su cuidado pastoral. Para éstos, mis hermanos, que participan conmigo de la comunión con Dios.Pero quiero resaltar su mensaje esencial:
“Mi iglesia es ante todo. Mi primer amor y mi primera obligación son para mi iglesia: para mi pastor que vela por mi alma y para mis hermanos con quienes comparto la comunión con Dios.”
Esa declaración moldeó mi sentido de pertenencia al cuerpo de Cristo.
Al pasar del tiempo, algunos jóvenes de mi grupo comenzaron a expresar insatisfacción con lo que pasaba en la iglesia.
Uno de ellos empezó a visitar otras congregaciones. En una ocasión le dijo al pastor: “Pastor, he ido a los cultos de tal iglesia y allí me siento lleno; aquí no me siento así.” El pastor, con firmeza (aunque yo no respondería igual), le dijo: “Pues si allí te sientes lleno y aquí no, ve donde te llenen.” El joven se fue… pero tiempo después dejó también de asistir a esa otra iglesia. Poco a poco, se apartó del Señor.
Aprendí entonces que un creyente debe ser fiel y comprometido con su iglesia, incluso cuando no todo le parece perfecto.
Recuerdo a un predicador que dijo en una ocasión:
“En nuestras iglesias tenemos miembros ‘vacas’.”
Todos reímos, y él explicó:
“El campesino pone a sus vacas en un cercado con buen pasto, pero ellas estiran el cuello entre los alambres de púas para comer el pasto de afuera, aunque se lastimen. Así hay creyentes que, teniendo buen alimento en su iglesia, buscan fuera lo que Dios ya les da dentro… y terminan heridos espiritualmente.”
Así como yo tuve una iglesia que marcó mi vida y mi llamado, Pablo también tuvo una iglesia: la iglesia de Antioquía. Allí fue formado, enviado y sostenido. Allí nació su ministerio.
Probablemente el Apóstol Pablo ha sido el más grande misionero de la iglesia cristiana. Realizó tres viajes misioneros formales. Un cuarto viaje lo llevó a Roma para presentar su causa ante César. Se cree que, tras su liberación, viajó incluso a España.
Todos esos viajes comenzaron en la iglesia de Antioquía. “Ministrando estos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo…” Cada vez que Pablo salía, salía enviado por su iglesia. Cada vez que regresaba, volvía a rendir cuentas a su iglesia. Antioquía fue la iglesia de Pablo. De allí salió su ministerio, allí fue respaldado, y allí se fortaleció su llamado.
La iglesia nació en el corazón de Dios y fue establecida por Jesús: “Sobre esta roca edificaré mi iglesia.” (Mateo 16:18) Cristo es la cabeza del cuerpo que es la iglesia. (Colosenses 1:18)
En el Nuevo Testamento, “iglesia” puede referirse a todos los creyentes o a una congregación local. Desde los tiempos apostólicos, Dios estableció iglesias en cada ciudad. (Hechos 14:23)
La iglesia no es el edificio, sino las personas redimidas que sirven juntas.
El creyente debe reunirse con su congregación: “No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre…” (Hebreos 10:25)
Las funciones básicas de la iglesia son:
1. Adoración: exaltar el nombre del Señor.
2. Proclamación: anunciar las buenas nuevas de salvación.
3. Compañerismo: mantener la comunión entre los hermanos.
4. Enseñanza: instruir en las cosas que Jesús mandó.
5. Servicio: mostrar la presencia de Cristo entre los necesitados.
Por qué el cristiano no debe dejar su iglesia local para estar asistiendo a otras
1. Dios te planta con propósito en una iglesia.
Dios no nos siembra al azar. Nos coloca donde seremos formados y fructíferos. Un creyente que se trasplanta continuamente no echa raíces ni da fruto. Así como un árbol necesita estabilidad para crecer, el cristiano necesita permanecer donde Dios lo plantó.
2. La fidelidad revela tu madurez.
“Se requiere de los administradores que cada uno sea hallado fiel.” (1 Corintios 4:2) No se puede ser fiel a un Dios invisible si no se es fiel a la comunidad visible que Él estableció. La madurez se demuestra resolviendo los conflictos, no huyendo de ellos.
3. La iglesia es tu familia espiritual.
“Ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino miembros de la familia de Dios.” (Efesios 2:19) En una familia no se entra y se sale a capricho. Los que solo “visitan” iglesias sin establecerse en una se vuelven consumidores espirituales, no discípulos.
4. Cada iglesia tiene su asignación divina.
En Apocalipsis, Jesús habló a cada iglesia local con un mensaje específico. Cuando un creyente se mueve fuera de su iglesia, se desconecta del propósito que Dios diseñó para su vida. El Espíritu Santo puede usarte en muchos lugares, pero tu base espiritual debe ser una sola: tu iglesia local.
5, La constancia produce fruto duradero.
“Permaneced en mí… porque separados de mí nada podéis hacer.” (Juan 15:4-5)
La constancia permite que tu iglesia te forme, te discipline y te envíe en el tiempo correcto. La madurez espiritual no se demuestra cambiando de iglesia, sino creciendo dentro de la que ya tienes.
6, El Espíritu Santo obra en orden, no en desorden.
“Dios no es Dios de confusión, sino de paz.” (1 Corintios 14:33)
Brincar de iglesia en iglesia genera confusión espiritual. La iglesia no es un mercado espiritual, sino el cuerpo de Cristo, y el cuerpo no puede funcionar con miembros inestables.
El cristiano fiel no busca dónde lo aplauden más, sino dónde Dios lo plantó. Ser parte de una iglesia no es un contrato temporal, es un pacto espiritual. Dios bendice a los que permanecen, sirven y construyen en su iglesia local. “Sé fiel en lo poco, y Dios te pondrá sobre mucho.” (Mateo 25:21)
No te vayas donde te sientas bien; quédate donde Dios te quiere formar.
La iglesia local no es perfecta, pero es el instrumento que Dios usa para perfeccionarnos. No busques la iglesia perfecta; sé un miembro fiel en la iglesia donde Dios te plantó.
Así como Pablo tuvo su Antioquía, yo también tengo mi iglesia… y tú también tienes la tuya. No la cambies: ámala, cuídala, ora por ella.
Porque cuando Dios mira tu fidelidad a tu iglesia, Él está mirando tu fidelidad a Él.”
