Púlpito Evangélico – JESÚS ENTRA A JERUSALÉN

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JESÚS ENTRA A JERUSALÉN

Pastor, Jorge L. Cintrón Calzada

 

Mensaje para ser predicado en el Pabellón de Oración de la Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico el

24 de marzo de 2024, 10:15am”

 

Texto Bíblico: Marcos 11:9–10

 

“Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas!”

 

Un cántico se escuchaba en las calles de Jerusalén: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas!” Jesús entraba a Jerusalén.

 

La entrada de Jesús a Jerusalén fue en el tiempo de la preparación para la Pascua judía. Una gran peregrinación se hacía a Jerusalén para esta celebración. La Pascua conmemoraba el inició de la liberación de Israel de Egipto y la liberación de los primogénitos de la plaga de la muerte.

 

Los judíos acostumbraban a cantar en la fiesta de La Pascua El Hal–lel. El mismo consiste en los Salmos 113 al 118. Los peregrinos que iban a Jerusalén a celebrar La Pascua al acercarse a la ciudad cantaban en muchas ocasiones una parte del Hal–lel:

 

118:25Oh Jehová, sálvanos ahora, te ruego;

Te ruego, oh Jehová, que nos hagas prosperar ahora.

26 Bendito el que viene en el nombre de Jehová;

Desde la casa de Jehová os bendecimos.

 

“Hosanna” quiere decir “salva ahora” o “salva te ruego”.

 

El cántico de “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas!” salía de los labios de las personas por varias razones. Los apóstoles entonaban ese cántico después de haber acompañado a Jesús por tres años de su ministerio terrenal, pero lo hacían con cierta confusión porque todavía no habían comprendido la tarea de Jesús y cavilaban en sus pensamientos sobre si Jesús iba a ocupar el lugar de Rey de Israel desplazando el poder imperial romano. Otros entonaban el cántico entusiasmados por la resurrección de Lázaro. Otros, entre los que se encontraba Bartimeo, lo hacían porque habían experimentado el poder sanador de Jesús y su mensaje transformador que le había dicho: “tu fe te ha salvado”

 

Otros al escuchar el cántico se preguntaban: “¿Quién es este?” La respuesta que recibían era: “Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea.”

 

Ese cántico en el día de hoy resuena nuevamente – “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas!”– Algunos lo escuchan y no entienden todavía quién es Jesús. Otros lo escuchan con entusiasmo pasajero. Mas otros de nosotros no solamente lo escuchamos, sino que lo entonamos nuevamente – “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas!”– porque hemos experimentado el mensaje transformador de la Cruz. Hemos experimentado la salvación que hay en Cristo Jesús.

 

Jesús al entrar a Jerusalén en un pollino en el cual ningún hombre había montado estaba haciendo un acto lleno de simbolismo para puntualizar un mensaje transformador. El profeta Zacarías había traído a Israel una promesa de restauración a Israel después de que el pueblo regresara de su cautividad. “Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.” (Zacarías 9:9) Jesús, que, hasta ahora, se había negado a declarar que Él era el Mesías con su entrada a Jerusalén sobre un pollino está señalando: “Aquí está entrando tu Mesías Jerusalén”

 

Israel tenía la expectativa que sus días de gloria de los tiempos de David y Salomón serían restaurados. Vendría el Mesías. Sería un líder político que reinaría en Israel y restauraría su gloria. Israel esperaba que llegara el Día de Jehová; día en el cual todos sus enemigos serían destruidos y comenzaría una nueva época.

Jerusalén no entendía que no era como ellos habían creído.  No era con espada que serían transformados en un pueblo libre. Su transformación sería posible cuando Jesús subiera a la Cruz.

 

La Cruz de Cristo produce liberación de la maldición que hay sobre el hombre.

 

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo.” de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20)

 

“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero, para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu” (Gálatas 3:13,14)

 

Además de la Salvación la Cruz produce:

 

Liberación de la ruina. Esa liberación es simbolizada en la corona de espinas –

 

“Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás”. (Génesis 3:17-19)

 

“Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma”. (3 Juan 1:2,)

 

“Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.” (2 Corintios 8:9)

 

Los latigazos que flagelaron la espalda de Jesús hacen provisión para la liberación de la enfermedad.

 

“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”. (Isaías 53:5)

 

“Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas….quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.” (1 Pedro 2:21, 24)

 

Los clavos que sujetaron el cuerpo de Cristo cancelaron los derechos que Satanás tenía sobre el hombre, provocando la liberación del dominio de Satanás.

 

“Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz”. (Colosenses 2:13-15)

 

La lanza que abrió el costado de Jesús representa la liberación interior del creyente.

 

“Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua.” (Juan 19:33,34)

 

“En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor”. (1 Juan 4:18)

 

El cántico de; “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas!”; hoy resuena nuevamente. Ese cántico señala a lo que acontecerá al final de la última semana de la vida de Jesús y lo que significa para la humanidad. Algunos lo escuchan y no entienden todavía quién es Jesús. Otros lo escuchan con entusiasmo pasajero. Otros les gustaría acallar ese cántico. Mas otros de nosotros no solamente lo escuchamos, sino que lo entonamos nuevamente – “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas!”– porque hemos experimentado el mensaje transformador de la Cruz. Hemos experimentado los beneficios que emanan de la Cruz de Cristo Jesús.

 

Hagamos nuestra todas las bendiciones que emanan de la Cruz,

Jorge Cintron
Jorge Cintronhttps://www.elversiculodeldia.com
Pastor en Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico

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