Púlpito Evangélico – Clamaron a Jehová

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CLAMARON A JEHOVÁ

Pastor, Jorge L Cintrón

 

Y cuando los hijos de Israel clamaron a Jehová, a causa de los madianitas, Jehová envió a los hijos de Israel un varón profeta, el cual les dijo: Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Yo os hice salir de Egipto, y os saqué de la casa de servidumbre. Os libré de mano de los egipcios, y de mano de todos los que os afligieron, a los cuales eché de delante de vosotros, y os di su tierra; y os dije: Yo soy Jehová vuestro Dios; no temáis a los dioses de los amorreos, en cuya tierra habitáis; pero no habéis obedecido a mi voz.

Jueces 6:7–10

Introducción

 

Uno de los pasajes bíblicos que les gusta a las personas repetir es Jeremías 33:3 “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.”

 

El diccionario define la palabra clamor como: Grito o voz proferida con vigor y esfuerzo. Voces lastimosas.

 

La Biblia señala que Jesús en la Cruz clamo. “Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró.” (Lucas 23:46) Jesús clamó porque se sintió angustiado y abandonado. Todo su ministerio Él lo realizó como hombre. Sobre Él había venido todo el dolor que una crucifixión traía sobre quien la sufría. Él estaba llevando sobre si el pecado de toda la humanidad y el pecado separa de Dios

 

La Biblia presenta historias en las cuales personas clamaron a Jesús.

 

La mujer sirofenicia clamó delante de Jesús por su hija endemoniada. (Mateo 12:22)

 

Bartimeo el ciego clamó delante de Jesús. (Mateo 10:48)

 

La Biblia también presenta que los demonios ante la presencia de Jesús claman.

 

Los demonios que estaban en el hombre de Gadara clamaron al ver a Jesús: “¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?” (Mateo 8:29)

 

Marcos relata que en una ocasión Jesús estaba enseñando en la sinagoga de Capernaum y un hombre con espíritu inmundo grito: “¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios. Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él! Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él.” (Marcos 1:24-26)

 

Jesús al final de la parábola del juez injusto señala: “Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18:6-8)

 

El libro de Jueces presenta las historias de doce (12) personas que Dios llamó para que ejercieran liderato en el pueblo de Israel. A través de ese libro se percibe en 5 ocasiones el clamor del pueblo de Israel.

 

Israel hacia lo malo delante de Jehová. Jehová los entregaba a la opresión de un pueblo extranjero. El pueblo clamaba y Dios le levantaba un libertador. El pueblo era liberado de la opresión. Ese libertador se constituía en juez. Mientras él vivía el pueblo se mantenía fiel a Jehová. El juez moría y el pueblo se apartaba de Jehová y comenzaba nuevamente el ciclo

 

Uno de esos jueces fue Gedeón.

 

Gedeón, fue la respuesta de Dios al clamor de Israel para que liberara al pueblo de manos de Madián.

 

Cuando se enfrentan situaciones que reclaman el clamar en muchas ocasiones el miedo llega. Él dudo de su llamado. Gedeón tuvo que pasar fue la confirmación de ese llamado.

 

Muchos conocen esta historia del vellón de lana (Jueces 6:36-40) Primeramente, Gedeón pidió que el vellón de lana estuviese mojado por el rocío. Luego pidió que el vellón de lana estuviese seco.

 

Dios le pidió a Gedeón que derribara un altar a Baal y una imagen a Asera que había en su ciudad. Gedeón hizo esos actos de noche por temor al pueblo. Al otro día al levantarse el pueblo, ver lo que había acontecido, protestaron y querían matar a Gedeón. Hay personas que claman a Dios, pero no están dispuestas a vivir de acuerdo a los reclamos que Él hace.

 

Una lectura cuidadosa de la historia de Gedeón permite descubrir que se iba a enfrentar a un ejército de 135,000 hombres (Jueces 8:10) Gedeón logró reunir un gran ejército de 32,000 hombres. Dios le pidió a Gedeón que redujera su ejército. 32,000 hombres eran un ejército muy grande para enfrentar un ejército de 135,000 hombres. Jehová Dios le dijo: “Proclama quien tema y se estremezca, madrugue y devuélvase” (Jueces 7:3) Se devolvieron 22,000 hombres y quedaron 10,000 hombres. Para ser parte del ejército de Dios uno no puede temer, ni estremecerse.

 

Había que reducir todavía más el ejército porque 10,000 hombres eran un ejército muy grande para enfrentar un ejército de 135,000 hombres. Dios le instruyó: “Lleva los hombres a las aguas a beber. Separa los que laman el agua como un perro de los que la lleven a la a la boca con la mano”. Los que llevaron el agua a la boca con la mano fueron 300 hombres. Ese sería su ejército. ¿Por qué desechar a los que lamieron el agua como los perros?

Porque esos no podrían ver a su alrededor mientras tomaban agua. No podían estar alerta. El que forma parte del ejército de Dios tiene que estar alerta siempre.

 

Al Dios responder al clamor del pueblo le había dicho a Gedeón que con mi fuerza libertaría a Israel. Había que darle ahora seguridad a Gedeón. Dios lo envía a observar el campamento de Madián. Allí escucha la narración de un sueño que ha tenido un madianita. “He aquí yo soñé un sueño: Veía un pan de cebada que rodaba hasta el campamento de Madián, y llegó a la tienda, y la golpeó de tal manera que cayó, y la trastornó de arriba abajo, y la tienda cayó. Y su compañero respondió y dijo: Esto no es otra cosa sino la espada de Gedeón hijo de Joás, varón de Israel. Dios ha entregado en sus manos a los madianitas con todo el campamento.” (Jueces 7:13-14) Al escuchar este relato y su interpretación Gedeón adoró a Dios (Jueces 7:15) Hay que estar dispuesto en medio del clamor a darle adoración a Dios.

 

Al llegar Gedeón a enfrentar al campamento de los madianitas señala la Escritura que repartiendo los trescientos hombres en tres escuadrones, dio a todos ellos trompetas en sus manos, y cántaros vacíos con teas ardiendo dentro de los cántaros. Y les dijo: Miradme a mí, y haced como hago yo; he aquí que cuando yo llegue al extremo del campamento, haréis vosotros como hago yo. Yo tocaré la trompeta, y todos los que estarán conmigo; y vosotros tocaréis entonces las trompetas alrededor de todo el campamento, y diréis: ¡Por Jehová y por Gedeón!” (Jueces 7:16-18) Hay que notar las armas que en este momento le da Gedeón a su ejército: “trompetas y cántaros vacíos con teas ardiendo”. No se mencionan armas de guerra. El que clama a Dios no pone su confianza en armas humanas.

 

Uno de mis Salmos favoritos es el 20. Los versos 6 al 9 de este Salmo cantan:

 

Ahora conozco que Jehová salva a su ungido;
Lo oirá desde sus santos cielos
Con la potencia salvadora de su diestra.

Estos confían en carros, y aquéllos en caballos;
Mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria.

Ellos flaquean y caen,

Mas nosotros nos levantamos, y estamos en pie.  

Salva, Jehová;

Que el Rey nos oiga en el día que lo invoquemos.”

 

Finaliza esta historia con la victoria de Gedeón y su ejército.

 

El que clama a Dios tiene asegurada su victoria. Al clamar santifícate. Quita de tu vida todo lo que te separe de Dios. Está seguro de que Dios está contigo. Él te dará la presencia de su Espíritu y podrás vivir tu vida con autoridad.

Jorge Cintron
Jorge Cintronhttps://www.elversiculodeldia.com
Pastor en Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico

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