Púlpito Evangélico – CAPACITADOS POR ÉL

CAPACITADO POR ÉL

 

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.”

II Timoteo 1:7

 

El apóstol Pablo al escribir la Segunda Carta a Timoteo se encuentra preso y percibe que su tiempo ha de llegar a su fin.

 

La Biblia no presenta datos concretos de lo que sucedió con Pablo después de haber llegado a Roma luego de haber apelado a Cesar al ser apresado en Jerusalén. Al leer algunas de sus cartas se puede entender que Pablo fue dejado en libertad luego de haber estado encarcelado por un tiempo en Roma. Se acepta que después de haber sido dejado en libertad continúo con su tarea misionera pero que posteriormente fue encarcelado por autoridades romanas contrarias al cristianismo. Es durante este encarcelamiento que escribió II de Timoteo

 

Al escribir esa carta, probablemente para el año 66DC Pablo percibía que el fin de su vida estaba próximo. Al escribirle esa carta a Timoteo le señala:Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.” (II Timoteo 4:6-8)

 

Se entiende que Pablo murió decapitado en el año 67DC por órdenes de Nerón

 

El texto clave de II Timoteo es: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.” (II Timoteo 2:15) II Timoteo son, podría decir, los últimos consejos de Pablo a Timoteo. “Yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.” (II Timoteo 4:6-8) Es como si Pablo le dijera: Timoteo, “yo he peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia”; tu tienes que seguir peleando la batalla, corriendo la carrera, guardando la fe; hazlo de forma que puedas recibir la corona al igual que yo lo he hecho.

 

Al iniciar la carta Pablo le señala a Timoteo: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” (II Timoteo 1:7) Pablo está puntualizando tres (3) cualidades de hay en un creyente: poder, amor, y dominio propio. Estas tres (3) cualidades  del creyente son producto del encuentro que este tiene con Cristo Jesús. Este verso siete (7) del capítulo uno (1) de II Timoteo, que recoge esta expresión, esta divididito en dos partes: lo que Dios no le ha dado al creyente y lo que Dios le ha dado al creyente. ¿Qué no le ha dado Dios al creyente? Cobardía. ¿Qué le ha dado Dios al creyente? Poder, amor, y dominio propio. Estas tres (3) cualidades son producto de la acción de Dios en el creyente. Al creer el creyente recibe espíritu de poder, espíritu de amor, y espíritu de dominio propio.

 

Al creyente se le da espíritu de poder, amor y dominio propio en contraposición al espíritu de cobardía que antes había en él.

 

La palabra cobardía apunta al temor. Una de las grandes artimañas de Satanás es el miedo. El miedo paraliza.

 

El miedo se apoderó del pueblo de Israel en varias ocasiones.

 

Al ver que Faraón se hubo acercado a ellos y tenían al Mar Rojo delante de ellos el temor se apoderó de ellos (Éxodo 14:10). El temor nubla la visión espiritual y no permite que a través de la fe se vea  lo que Dios va a realizar.

 

El temor hizo que diez (10) de los espías que fueron enviados a explorar la tierra prometida le dijeran al pueblo que ellos no podrían conquistarla porque sus habitantes eran gigantes y ellos serían ante ellos como langostas (Números 13:33). El temor hace que se tenga una perspectiva incorrecta de quien somos.

 

El temor hizo que el ejército de Israel no pudiera enfrentar a Goliat y un pastorcillo llamado David fue el que tuvo que conquistar la victoria. El temor hace que no se conquisten las victorias que Dios tiene para uno.

 

La cobardía es falta de ánimo o de valor. Enfrenta tus temores “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” (II Timoteo 1:7)

 

Todo el mover de Dios a través de la historia de la humanidad esta fundamentado en el amor

 

Juan, el discípulo amado, presenta en su primera carta de una forma clara el concepto del amor divino.

 

“Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.” (I Juan 4:7-11)

 

Pablo al escribir su himno del amor en I Corintios afirma sobre el amor: “El amor. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser.” (I Corintios 13:7,8)

 

Juan en su primera carta dice algo hermoso sobre el amor. “Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.” (I Juan 4:16-18)

 

Conocer el amor de Dios rompe todo temor al castigo. Jesús llevó sobre sí el castigo de nuestro pecado. El amor de Dios encarnado en Jesús le permite al creyente acercarse confiadamente a Dios. Reconocer el amor de Dios a través de Jesucristo hace que el que cree entre a formar parte de la familia de Dios. “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? …. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.” (Romanos 8:31-35,37)

 

Fuera el temor y fuera la cobardía porque se ha conocido el amor de Dios

 

El salmista escribió:

 

Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré;

Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.

Me invocará, y yo le responderé;

Con él estaré yo en la angustia;

Lo libraré y le glorificaré.

Lo saciaré de larga vida,

Y le mostraré mi salvación.” (Salmo 91:14-16)

 

Recibir el amor de Dios hace que el creyente adquiera espíritu de poder. Ese poder llega a la vida del creyente porque Jesús ha llegado a la vida de esa persona. Dios ha prometido obrar a favor de sus hijos.

 

Pablo en el himno al amor en I Corintios 13 afirma: El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” (I Corintios 13:4-7) Recibir el amor de Dios hace que el creyente adquiera dominio propio. El dominio propio hace que el creyente pueda tener control sobre sus impulsos humanos.

 

El creyente tiene que estar conciente de que ha sido capacitado por Dios. Ha sido capacitado con espíritu de poder, de amor y de dominio propio. Ha sido capacitado así para que pelee la buena batalla, corra la carrera, guarde la fe; y que lo haga de forma que pueda recibir la corona justicia. “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” (II Timoteo 1:7)

 

El espíritu de poder y el espíritu de dominio propio son producto de haber recibido el amor de Dios.

 

Años atrás escribí una paráfrasis de 1 Corintios 13:4-7 que titulé El camino de la excelencia

 

El amor

Es paciente; teniendo el poder para  desquitarse fácilmente, no lo hace.

Es dulce para con todos.

No desea que los otros no tengan lo que él  no tiene.

Es humilde; tiene conciencia que nunca  podrá ofrecer un presente lo suficientemente  valioso.

No piensa en su propia importancia.

No se olvida de la cortesía, el tacto y la  amabilidad.

No piensa en sus derechos; piensa en sus  deberes.

Siempre está sereno; no pierde el control.

Aprende a olvidar.

No siente placer cuando escucha algo condenatorio.

Se goza cuando lo que es cierto prevalece.

No arrastra a la luz del día las faltas y  equivocaciones del que ama.

Siempre cree lo mejor.

Todo lo espera.

No soporta pasivamente las situaciones; sino que las transforma y las vence  serenamente

 

El creyente ha sido capacitados por Dios con espíritu de poder, amor y dominio propio. Esa capacitación echa fuera todo espíritu de cobardía porque en el amor no hay temor

 

 

(Este mensaje será presentado el domingo26 de abril de 2020 a las 10:15am a través de Facebook Live en la página de Jorge L Cintron)

Jorge Cintron
Jorge Cintronhttps://www.elversiculodeldia.com
Pastor en Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico

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