Wed, 14 April 2021

Púlpito Evangélico – ADORANDO AL NIÑO

ADORANDO AL NIÑO

Pastor Jorge L. Cintrón

 

Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él.

Mateo 2:1-3

 

Podría afirmar que nuestras celebraciones navideñas finalizan con la llegada de los reyes magos.

 

El ingenio popular le ha añadido muchos detalles a la historia bíblica de los magos. Han sido transformados de magos en reyes. Se ha establecido que eran tres; cuándo La Biblia solamente afirma que unos magos vinieron del oriente. Se les ha dado nombres: Melchor, Gaspar y Baltasar. Uno de ellos era negro. Se señala en el área central de Puerto Rico que llegaron utilizando caballos; aunque en otros lugares los montan en camellos. Se les ha colocado llegando al establo y cerca del pesebre en las cercanías del tiempo de su nacimiento.

 

El relato bíblico da a indicar que los magos llegaron a Belén probablemente cuando el niño Jesús tendría entre un año y dos años. Ya no estaba en un establo, ni acostado en un pesebre. Estaba en una casa.

 

El relato bíblico señala de una forma clara cual fue el propósito de la visita de los magos: buscaban al niño para adorarle. Al llegar a Jerusalén hacen una pregunta: “¿Dónde está el rey de los judíos?” Inmediatamente hacen una afirmación: “Porque su estrella hemos visto en el oriente, y hemos venido a adorarle.¨ Al entrar a la casa en Belén donde estaba el niño se postraron y le adoraron ofreciéndole presentes: oro, incienso y mirra.

 

La palabra adorar en español tiene en su uso cotidiano una connotación religiosa. El diccionario la define como reverenciar y honrar con el culto religioso. Aunque tiene también un uso figurativo como “amar con extremo”.

 

El relato de la adoración de los magos va acompañado de otra expresión de intención de adoración, que nuestro conocimiento histórico-bíblico rápidamente nos hace rechazar.

 

Herodes el rey De Israel le dice a los magos de oriente: “Id a Belén y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore”. (Mateo 2:8)

 

Jesús durante el desarrollo de su ministerio terrenal tiene un encuentro con una mujer a la cual le dice: “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.” (Juan 4:23,24) Ante esas impactantes palabras la mujer le dice a Jesús: “Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas”. (Juan 4:25) Jesús le responde a la mujer de una forma todavía más impactante para mí: “Yo soy, el que habla contigo”. (Juan 4:26)

 

La adoración que agrada a Dios es una que reconoce quién es verdaderamente Jesús. Herodes debía saber quién era el Cristo, pero no lo sabía. Él no podía adorar al niño. Tras su expresión de quererle adorar se escondía un deseo mezquino de acabar con todo lo que podía poner en peligro todo su control sobre su reino.

 

¿Quiénes son estos magos de oriente que buscan al niño Jesús para adorarle?

 

El concepto popular de lo que es un mago puede evitar entender quienes eran estos hombres. No son magos en el sentido de personas que tienen capacidad para realizar encantamientos con la ayuda de seres sobrenaturales o de fuerzas secretas de la naturaleza. Eran un grupo sacerdotal de Persia o Babilonia. Maestros en religión y ciencia. Estudiosos de la medicina y de los astros.

 

¿De dónde obtuvieron estos hombres el conocimiento de que se esperaba que algo extraordinario iba a acontecer en Israel en torno al nacimiento de un niño que sería rey?

 

Los judíos cuando fueron deportados a Babilonia llevaron sus rollos sagrados. Allí habían enseñanzas sobre esa esperanza de Israel. Isaías había escrito: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro: y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Lo dilatado de su imperio no tendrá límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.” (Isaías 9:6,7) También Isaías había escrito: “Y andarán las naciones a tu luz y los reyes al resplandor de tu nacimiento.” (Isaías 60:3) El libro de Números expresaba lo siguiente: “Lo veré mas no ahora; Lo miraré mas no de cerca; Saldrá Estrella de Jacob y se levantará cetro de Israel” (Números 24:17)

 

Los magos se sintieron convocados a ir a Israel para adorar al  niño que había nacido.

 

Los regalos que llevaron como ofrenda de adoración indican que ellos sabían muy bien a quien venían a adorar.

 

Ofrecieron incienso, una especie aromática que se utilizaba en los templos para adorar a los dioses. Reconocían que aquel niño era Dios. Ofrecieron oro, un metal precioso que representaba la realeza. Reconocían que aquel niño era Rey. Ofrecieron mirra, una especie aromática que se utilizaba para la preparación de personas cuando morían. Reconocían que aquel niño moriría porque era el Salvador.

 

Los magos se postraron ante el niño. Se sometieron voluntariamente al señorío del Mesías sobre ellos.

 

Herodes en vez de buscar al niño para adorarlo lo buscaba con otras intenciones. Es triste porque Herodes tenía conocimiento de la fe judía. El era idumeo, estos a través de las conquistas de los Macabeos habían sido circuncidados y llevados a ser parte del la religión judía. El propio Herodes se había casado con una descendiente de los Macabeos Herodes se había lanzado en la reconstrucción del templo de Jerusalén.

 

Los magos se acercaron a Jesús para adorarlo. Herodes intentó acercarse a Jesús supuestamente para adorarlo. Aunque sabemos que esa no era su verdadera intención.

 

¿Cómo tú te acercas a Jesús?

 

Los magos se acercaron con conciencia clara de a quien iban a adorar. Adoraban al niño que era Dios, Rey y Salvador.

 

¿Estás tú dispuesto a postrarte delante de Jesús? ¿Estas dispuesto a reconocer voluntariamente su señorío sobre ti? 

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Jorge Cintron
Jorge Cintronhttps://www.elversiculodeldia.com
Pastor en Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico

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