CUIDADO CON LO QUE DICES

CUIDADO CON LO QUE DICES.

 Muchas veces nos olvidamos que nuestras palabras pueden causar un efecto positivo o negativo sobre quien las oye o sobre la persona a quien se le dice. La lengua es tan pequeña, pero es capaz de provocar tanto mal si es utilizada con fines destructivos.

 La Palabra de Dios dice en Efesios 4:29 No salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino sólo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan”. También dice en Santiago 3:1-12 “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación. Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo. He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce”.

RECUERDA, DEBEMOS CUIDAR LO QUE DECIMOS. NO PODEMOS BENDECIR A DIOS CON NUESTRA BOCA Y HABLAR MAL AL PRÓJIMO. SIEMPRE QUE DIGAMOS ALGO, DEBEMOS DE PREGUNTARNOS ¿EDIFICA? ¿RESTAURA? ¿ES DE NATURALEZA NOBLE? ¿ES DE BENDICIÓN? PARA SIEMPRE DECIR PALABRAS QUE EDIFIQUEN Y DEN BUEN TESTIMONIO, ES NECESARIO QUE CRISTO JESÚS GOBIERNE EN NUESTROS CORAZONES Y ÉL SEA NUESTRO SEÑOR, REY Y SALVADOR. ¿YA LO TIENES EN TU VIDA?

 

Dios te bendiga,
Luis Manuel Polanco Schott

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