
La mayoría de los adultos nos ocupamos fácilmente. Por lo tanto, debemos cuidarnos de estar tan ocupados que nos perdamos lo que es realmente importante.
En la Biblia, en el capítulo 10 de Lucas, se relata de a una mujer, Marta, que estaba tan ocupada “haciendo cosas” que se perdió de “estar” en la presencia de Jesús. ¡Y eso que Él estaba justo allí en su casa!
En ese día Marta había invitado a Jesús a ir a su casa para tener comunión con Él, pero ella se comenzó a ocupar en los preparativos, perdiéndose de su tiempo juntos. Es decir que, en algún momento del camino, el foco de su atención se centró más en los preparativos y menos en Jesús.
Para empeorar las cosas, mientras trabajaba en los quehaceres de la casa, su hermana María se sentó a los pies de Jesús escuchando atentamente cada una de sus palabras.
¡Marta incluso le pidió a Jesús que le dijera a María que lo dejara solo y que la ayudara!
En ese momento Jesús amorosamente le dijo que mientras ella se había vuelto cada vez más ansiosa, María había elegido bien al decidir pasar tiempo con él.
Las actividades realizadas en el Nombre del Señor nunca pueden reemplazar el tiempo dedicado a la adoración para Él.
Tu trabajo no puede reemplazar el tiempo para el culto de adoración.
¡No hay nada más importante para un discípulo de Cristo que el tiempo destinado a estar en su presencia!
En la Biblia en el Salmo 16, verso 11, dice que en la Presencia de Dios, recibirás esta promesa que dice, “Me darás a conocer la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra, deleites para siempre”. (LBLA)
No le pidas a Jesús que entre en tu corazón solo para ignorarlo. Ve y siéntate a sus pies. Porque está prometido que ¡En su presencia hay plenitud de gozo!
Oremos “Amado Señor, reconozco que con frecuencia me ocupo y he descuidado mi tiempo a solas contigo, hoy decido buscarte sinceramente e intencionalmente sacare el tiempo para estar a tus pies, solo te pido que me ayudes a no desenfocarme, lo oro en el Nombre de Jesús, Amén”
