
Tres cosas no tendrán reversa jamás, el tiempo pasado, la oportunidad que se fue, y las palabras que se expresaron.
Si estás de acuerdo con esto, entonces, no permitas que tus emociones y sentimientos te lleven a decir algo de lo que más tarde te vas a arrepentir.
En la Biblia, Salomón, el Hombre Sabio, escribió en Eclesiastés 5:2, lo siguiente, “No te apresures, ni con la boca ni con la mente, a proferir ante Dios palabra alguna; él está en el cielo y tú estás en la tierra. Mide, pues, tus palabras”. (NVI)
Ninguna palabra que expresemos es “inocente” en el nivel espiritual, todo lo que hablamos tiene inferencia en el cielo, tal y como lo dice el versículo de Salomón, es decir que hay que ser cautelosos con lo que hablemos, porque “Dios está en el cielo y tú sobre la tierra.”
La verdad es que no es posible entender los infinitos misterios divinos con nuestra limitada mente humana, porque Dios nos hizo a nosotros y no nosotros a nosotros mismos.
Es por eso, por lo que, para que no te tengas que arrepentir y pedir perdón por lo que hablas, cuida tu boca de lo que le hablas a los demás, pero sobre todo de lo que hablas ante Dios.
Esto significa aceptar que vivimos con personas imperfectas y en un mundo imperfecto, donde muchas cosas pasan que no quisiéramos que pasaran.
Además, por una mala palabra, o por hablar lo incorrecto puedes perder una buena amistad, te puedes alejar de otros o perder un empleo o negocio, pero por, sobre todo, las malas palabras te alejan de Dios.
Por un lado, es lógico que te moleste todo lo que te causa dolor, físico o emocional, pero, por otro lado, necesitas aprender a confiar en el amor de Dios; Él jamás te ha prometido que en esta tierra no serías tocado(a) por el dolor, por la pérdida o por el desengaño; pero si ha prometido que, en el momento de las lágrimas, cuando la tristeza inunde tu corazón, Él estaría a tu lado para fortalecerte y darte el valor para sobrellevar el vendaval sin que te este te acabe.
Por eso hoy, “sacude el polvo de la insatisfacción, de la auto condenación y de la tristeza”; para que, a pesar de las adversidades, puedas avanzar de la mano de tu Padre Celestial.
Oremos “Amado Señor, reconozco tu soberanía y tu majestad. Gracias por ser mi Padre, y quien me levanta cuando he caído. Te pido hoy que me ayudes a controlar mis emociones, no quiero expresar con mi boca nada que dañe a los demás y mucho menos palabras que me alejen de Ti. Que tu Santo Espíritu me enseñe a tener mayor dominio propio con mi boca, lo pido en el Nombre de Jesús, Amén”
Versículo “No te apresures, ni con la boca ni con la mente, a proferir ante Dios palabra alguna; él está en el cielo y tú estás en la tierra. Mide, pues, tus palabras”. Eclesiastés 5:2 (NVI)
Buen Dia
Juan C Quintero
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