
Si meditas un poco te darás cuenta de que en esta vida todo pasa… pasa el tiempo, se va el verano, la época de sembrar y la de cosechar… y así con todo.
Con nosotros pasa igual, un día te mirarás en el espejo y verás que la juventud también pasa.
Es curioso que cuando se es joven da la impresión de que la juventud no se va a terminar, se piensa que las oportunidades estarán siempre allí al alcance de las manos, sin darse cuenta de que “cada oportunidad desaprovechada seguramente no volverá”.
En la Biblia, Jesús nos entrega una promesa poderosa, está en Juan, capítulo 15, verso 5, que dice así, “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”. (RVR60)
Dos cosas muy importantes están consideradas aquí, primero que daremos mucho fruto si estamos conectados a Jesús; incluso no hace aquí referencia, ni al momento histórico que estemos viviendo, ni a la edad que tengamos, simplemente se nos asegura que en Cristo daremos mucho fruto.
La segunda cosa importante y que es clave en este versículo es la palabra “permanecer”. Con ella se expresa continuidad, durabilidad, persistencia. Y es que el secreto de una vida plena es la permanencia.
“Permanezcan en Mí” dijo Jesús. Entonces surge la pregunta: “¿Cómo se permanece en Jesús?”; la respuesta es: buscándolo todos los días, abriéndole el corazón cada mañana y diciéndole cosas tales como, “Señor, yo no sé vivir solo. Te necesito; enséñame a caminar por los caminos que me llevan a vivir una vida de fruto abundante y de victoria”.
Esto significa que renuncias al propio yo y comienzas a depender de Jesús. Una dependencia de amor que te llevara a vivir una vida de realización, significado y propósito.
¿Qué hacer para que, con el paso de los años, puedas mirar hacia atrás y sepas que valió la pena haber vivido?; el versículo de hoy trae la respuesta. Todo aquel que quiera tener frutos, plenitud de frutos y frutos abundantes, debe recordarse diariamente que Jesús nos dice “Yo soy la vid”, de esta forma comprenderás que eres solo una rama que está conectada a esa vid, de la cual recibe vida, la vida de Dios; y el resultado será que darás fruto abundante en todas las áreas de tu vida.
Oremos “Amado Padre Celestial, hoy reconozco que alejado de ti nada puedo hacer. Por lo tanto, decido permanecer y recibir de Tu alimento espiritual que da vida para producir fruto abundante. Señor solo te pido que cuando pasen los años pueda decir que ha valido la pena vivir porque Tú me has dado propósito y me has guiado por el sendero de la vida plena, lo creo y declaro en el Nombre de Jesús, Amén”
Versículo “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”. Juan 15:5 (RVR60)
Buen Dia
Juan C Quintero
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