Reconocer nuestra pequeñez puede
hacernos abrazar la grandeza de Dios.
Valorando un poco más a nuestros
familiares y amigo; ahora que podemos
compartir con ellos. Una llamadita
puede hacer la diferencia.
Con toda humildad y mansedumbre,
soportándoos con paciencia los unos
a los otros en amor.
Efesios 4:2
