Dar porque nos obligan, por intercambio, por miedo o por cualquier otro motivo que no venga de la intención de agradar a Dios, nunca será bien recibida por nuestro Creador.
Nuestra verdadera intención al ofrendar
Cuando alguien nos pide algo siempre tenemos la opción de elegir si acceder o no a dicha petición, y según el escenario elegimos la respuesta que más nos conviene; sin embargo lo primordial no es elegir dar o no dar, tampoco el valor de lo que entregamos; el punto a debatir es con qué intención lo hacemos.
“….. probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo.” Génesis 22:1-3
Abraham nos deja un ejemplo de cómo ceder a una petición sin importar cuan desgarrado pudiera estar nuestro corazón por tal desprendimiento; tuvo más peso su decisión de agradar a su Señor, a quien amaba y en quien confiaba plenamente; que los deseos de su naturaleza humana. Este es el tipo de ofrenda que al Señor le agrada.
Si hoy quiere entregar alguna ofrenda al Señor, saquela de la profundidad de su corazón y haga una entrega con alegría y entusiasmo; entonces podrá disfrutar de la satisfacción que hay cuando el Señor la recibe con agrado.
Padre, no tengo cosa de valor que pueda entregarte, porque tu eres el Dueño y Señor de todo lo que existe; pero hoy te entrego mi corazón para que lo cambies y pueda servirte por siempre. Gracias por recibirlo en Cristo. Amén
Mildred Natera
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