
La palabra Reconciliación es, acorde con el diccionario, “la acción y la consecuencia de reconciliar, es decir, dejar atrás las diferencias para retomar el vínculo que se encontraba interrumpido”
Uno de los propósitos de Dios con la humanidad es la de provocar la reconciliación nuestra con Él, y lo hizo por medio de Jesús.
Creo que los cristianos de esta época hemos tratado de servir como medio para esta reconciliación del ser humano con Dios con argumentos intelectuales tales como explicaciones sobre el libre albedrío, el pecado humano, el decadente mundo, etc.
Pero estos razonamientos hacen poco por tocar el corazón de alguien con el corazón endurecido.
En la Biblia, en la Segunda carta a los Corintios, capitulo, 3, verso 17, dice “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad”.
Aquí se establece que en el poder del Espíritu Santo hay libertad.
Es el Espíritu Santo, quien dará convencimiento de pecado para traer libertad a una persona que no tiene esta revelación y que por lo tanto no puede tenerla por medios naturales.
Lo que nos lleva a concluir que solo en el poder del Espíritu Santo es que podremos compartir el evangelio.
El Espíritu Santo revela a Jesús como “El Señor” en el corazón del incrédulo. Trae certeza de que es sólo por medio de la reconciliación espiritual que se logrará restablecer la vida que Dios el Padre ha decretado para Sus Hijos
En Jesús todos tenemos la completa reconciliación con el Padre.
Por todo lo que la cruz significó y sigue significando hoy en día , es la elección de vivir en reconciliación con Dios, abandonando la vida acorde con la naturaleza humana.
En la crucifixión de Jesús, en el sufrimiento humano sufrido por el Señor es que se abrió el camino para la total reconciliación humana con el Padre y se estableció que el único medio para ir al cielo es por medio del genuino arrepentimiento de los pecados y la aceptación de Jesús como el Señor y Salvador personal.
De esa manera el Espíritu Santo llenará la vida con libertad, revelación de las cosas santas y del poder de Dios para destruir lo que la carne y el enemigo quieren construir.
Oremos “Amado Señor hoy reconozco que he tratado de presentar el evangelio a otros con argumentos humanos, pero te pido que a partir de hoy sea el Espíritu Santo el que me guie a mí, y quien coloque convencimiento de pecado a quien le estoy predicando el evangelio de la salvación, lo pido en el Nombre de Jesús, Amén”
Versículo “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad”. 2 Corintios 3:17 (RVR60)
Buen Dia
Juan C Quintero
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