
En los últimos años, con los cambios mundiales y otras cosas estoy seguro de que muchos han sufrido pérdidas de algún tipo. Ya sean económicas, emocionales, personales, o por el fallecimiento de un ser querido y éstas han amenazado con traerle desesperanza y probablemente le han conducido a descarrilar su relación con Dios.
Sin embargo, debemos recordar que no somos los primeros cristianos en experimentar sufrimiento, pruebas y dificultades significativas
Multitud de cristianos en toda la historia han padecido en mayor o menor manera de luchas y dificultades.
En la carta a los Filipenses, capitulo 1, verso 27, Pablo le pide al pueblo que “se comporten como es digno del evangelio de Cristo”;lo que significa que deben mantener la fe y seguir compartiendo las buenas nuevas de Jesús, pero ese versículo lo termina de la siguiente manera, diciendo “sepa yo que ustedes siguen firmes, en un mismo espíritu y luchando unánimes por la fe del evangelio” (RVC)
Esta exhortación para “mantenerse firmes” no significa algo sencillo o que no requiera esfuerzo, sino por el contrario tener la fortaleza para superar cualquier dificultad, reto o problema que llegue a la vida.
La verdad es que siempre habrá algún tipo de problema o reto que tengamos que enfrentar, por lo tanto, la “firmeza en la fe” será la que alimente la vida espiritual para no rendirse y para vivir confiados sabiendo que el Señor es más grande que toda lucha, que Él está contigo en todo momento y que al final de la prueba saldrás fortalecido(a)
Sea que te haya llegado el cansancio y el agotamiento por lo que ha estado ocurriendo, no permitas que este tiempo presente marque un inicio de desesperanza o de quebrantamiento de la fe, ni que las luchas momentáneas te impidan confiar en la misericordia y en la bondad de Dios.
Más bien confía tal y como está escrito en la segunda carta a los Corintios, capítulo 4, versos 17 al 18 que dice, “Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación, al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”. (LBLA).
Oremos “Amado Señor, aunque mi corazón está herido, aunque no entiendo mucho de lo que pasa en el mundo y a mi alrededor, seguiré firme confiando en ti, creyendo que lo más valioso no está en lo que veo, sino en aquello que requiere fe. Gracias Señor por traer esta palabra de hoy, lo creo y declaro en el Nombre Jesús, Amén”.
Versículo, “Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación, 18 al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”. 2 Corintios 4:17-18 (LBLA)
Buen Día
Juan C Quintero
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