
Hay momentos en la vida en los que todos sentimos desánimo, como si las cosas que se están experimentando fueran difíciles de superar o tal vez llega como un sentimiento de derrota ante un reto que se tiene y por lo tanto no hay deseos de continuar.
Aquí te presento esta reflexión hoy, porque es interesante saber que en la Biblia grandes hombres como David, quien fuera nombrado por Dios como un hombre conforme a Su corazón, que fue Rey en Israel y parte de la genealogía de Jesús se hubiera sentido desanimado en algún momento.
Pero así fue, este hombre sufrió persecución, derrotas, traiciones y muchas otras cosas difíciles, y como ser humano tuvo momentos de desesperanza.
La realidad es que nunca se nos ha prometido que la vida fuera fácil o sin dificultades, lo que si debemos tener claro es que para el que confía en el Señor, ¡hay esperanza!
Es así como David escribe en Salmos capítulo 33, verso 20 lo siguiente “Con el alma esperamos en el Señor, pues él es nuestra ayuda y nuestro escudo”.
Por lo tanto, si te has sentido o te estás sintiendo desanimado y sin esperanza, necesitas hablar contigo mismo(a) y animarte declarando como lo hizo David, “yo esperaré en el Señor porque Él me ayudará, y me dará fuerzas”.
Esto es equivalente a decir “No voy a dejar que los sentimientos me gobiernen, ni tomen el control de mi vida. Porque confío en el Dios de mi salvación, en Su plan para mi vida, así que no me rendiré, ni abandonaré lo que estoy tratando de alcanzar; con la ayuda del Señor tendré fuerzas renovadas”
No te pido que niegues tu desierto, pero ten la certeza de que allí en cada desierto de la vida siempre habrá un oasis que te servirá de sustento hasta que salgas de allí.
Dios no te creó para vivir en sequía y desanimado por las situaciones que puedan llegar; sino que te dio la capacidad para creer que Él te levantara, que cuando eres obediente a Su Palabra y lo reconoces en todos tus caminos Él te protegerá y te ayudará para superar el dolor.
No permitas que un mal momento o una mala decisión te hagan retroceder o rendirte; más bien dale gracias a Dios por el aprendizaje y sigue adelante firme en tu fe.
Oremos “Amado Señor, gracias por ser mi Dios, quien me reconforta en los momentos de tristeza y debilidad. Ayúdame a sacudirme del desanimo, de la tristeza y de la negatividad que siento en este momento. Decido fijar mis esperanzas en Ti. Te doy gracias porque de lo difícil he aprendido algo nuevo y creo que hay algo bueno para mí en el tiempo futuro, lo creo en el Nombre de Jesús, Amén”.
Versículo “Con el alma esperamos en el Señor, pues él es nuestra ayuda y nuestro escudo”. Salmos 33:20 (RVC)
Buen Dia
Juan C Quintero
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