en lugar de señalar con un dedo acusador,
preste la ayuda para levantar al caído y edificarlo.
Todos fallamos, todos comemos con sal.
El único perfecto, lo fue Nuestro Salvador Jesus.
Vosotros más bien debéis perdonarle y consolarle, para
que no sea consumido de demasiada tristeza.
2 Corintios 2:7
