
Se dice que “para todo lo que hacemos debe haber un motivo”… quizás sí.
Hoy hago referencia al hacerse grandes. Te pregunto, ¿cuál es tu motivo para querer ser más grande y mejor?; ¿para qué tu nombre sea reconocido o para la gloria de Dios?.
Yo creo que “más grande no siempre es mejor”; y que incluso, lo más grande puede obstaculizar lo mejor.
Cuando las organizaciones grandes compiten buscando ser una mejor organización, hay que preguntarles: “¿De qué se están perdiendo?; ¿el ser grandes es el fin o es una consecuencia del trabajo en excelencia?” y a título personar pudiéramos agregar esta pregunta, ¿se han convertido las acciones para el éxito en tu prioridad sobre las relaciones?
En las empresas vemos a propietarios queriendo ser los más grandes a cualquier costo, incluso a costa del sobre-esfuerzo humano; pero en las iglesias también, vemos esto cuando su objetivo principal es la forma por encima del fondo, es decir, lo externo por sobre la formación de discípulos.
Quiero ser claro, “sí, hay muchas buenas razones para expandir, para crecer y esto es bueno y necesario”, pero es más importante la capacidad para edificar discípulos acorde con la Palabra de Dios.
En todo lugar, ya sea la familia, el negocio o la iglesia es necesario mantener a las personas como la prioridad. Jesús no vino a construir edificios, sino a edificar vidas; por eso dijo: “yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10(b))
¡Que lo más grande sea el amor; que tu prioridad sea glorificar el nombre de Jesús!.
No permitas que el egoísmo ni el orgullo condenen tu corazón y te conviertas en un esclavizante moderno; sino más bien que la bondad de tu corazón sea el logro más significativo, porque si Dios quiere que lo que hagas sea muy grande… que sea para Su Gloria y que si Su voluntad es que tus logros sean menores, que tu corazón no se entristezca, porque por pequeña que parezca ante los hombre tu obra, para Dios es muy importante; es por eso que Jesús dice en Lucas 15:7 “que habrá gran gozo en el cielo por un pecador arrepentido”.
Uno o miles, todos son importantes para el Señor y la Gloria es sólo para Él.
Ora: “Padre Celestial, ayúdame a centrarme en ti, que lo que haga te de honra y honor. Porque lo que hago es por ti y no por mí, lo declaro en el nombre de Jesús, Amén”.
Versículo: “Les digo que así es también en el cielo: habrá más alegría por un solo pecador que se arrepienta que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse”. Lucas 15:7 (NVI)
Buen dia
Juan C Quintero
