
Hace unos días mi hija me pidió que le ayudara con una diligencia en su colegio… esto es comparable a que alguien le pida a una persona, que tiene un conocimiento o una capacidad especial, para que haga algo por nosotros; en el caso de mi hija, ella me pidió eso porque sabía que yo podía hacerlo.
Así es con la fe, nosotros buscamos a Dios para que Él haga algo que nosotros no podemos hacer… y eso hasta aquí está bien, pero ¿verdaderamente se tiene fe al pedir?, o ¿Se pide con la duda de que Dios sea capaz, o con la duda de que Dios quiera hacerlo?
A la mayoría de las personas les cuesta aferrarse a la fe, cuando pasa el tiempo se angustian, aunque sepan que la demora de Dios no es necesariamente un “no” definitivo.
Tal vez se duda porque se han experimentado fracasos con las promesas hechas por las personas y no se diferencia entre una promesa de hombres y las promesas de Dios.
Aprende esto “el Señor nunca falla, ni fallará”; “lo que Dios ha prometido lo cumplirá”.
Cabe entonces preguntarse si lo que se le pide, aunque sea con fe, es un capricho personal; porque se requiere de sabiduría para notar la diferencia entre lo que Él quiere que hagamos y nuestros anhelos personales.
La demora en la respuesta a veces tiene que ver con el milagro que Él vaya a hacer.
Aunque no nos guste esperar, ese proceso, ese “tiempo de espera” tiene un lado positivo, porque es la oportunidad para, “aclarar nuestras motivaciones, fortalecer el corazón y prepararnos para aceptar la respuesta de Dios con gratitud”.
La fe requiere tener un espíritu de expectativa, de levantarnos cada día creyendo por el favor y la gracia de Dios.
La fe nos da la libertad de vivir delante de Dios y de otros con gozo y no con enojo, con alegría y sin resentimiento o amargura… porque nuestra felicidad no depende de cuál sea el resultado, ni cuán largo sea el camino que debemos recorrer en la fe… es cuestión de fe nada más, de vivir por fe; tal y como lo hizo Abraham quien salió por fe sin saber adónde iba, solo porque Dios se lo pidió”.
Oremos, “Señor, dame fe para manejar las áreas de mi vida donde he dejado de creer que las cosas podrían ser diferentes. Dame sabiduría para reconocer la diferencia entre la fe de mi corazón y tus planes para mí. Ayúdame a seguir manteniendo la fe incluso cuando tú dices “no”, lo pido y declaro en el nombre de Jesús, Amen”
Versículo: “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba”. Hebreos 11:8 (RVR60)
