Mí mirada tiene que estar puesta en mi meta: ser como Cristo Jesús. Ser obediente en todo a Dios. Amar a Dios. Servir al prójimo. Amar al prójimo. Mi mirada no puede estar puesta en mí. Ni tampoco puedo contentarme con que los otros me vean a mi; debo ser un espejo que refleje a aquel que me amó, me ama y me amará eternamente. Ese es Cristo Jesús. (Jorge L. Cintrón)

