Hay momentos en los que me he encontrado hablando solo, pero no es una conversación cualquiera, se trata de hablar conmigo o con Dios. ¿Te ha pasado, te hablas a veces interiormente?
En mi caso, mientras trabajo en algún proyecto, en alguna idea o en algo que planeo hacer en las próximas horas me resulta útil pensar en voz alta para evaluar qué hacer para mejorarlo.
Es claro que, si alguien me descubre en mi “conversación”, me sentiría un poco intimidado; aunque la mayoría de la gente habla sola en algún momento del día. Recuerdo que un día una señora en una parada de un semáforo se quedó mirándome mientras hablaba y hacía gestos, cuando la descubrí mirándome me solté a reír.
La pregunta que surge es, ¿Qué es lo que estamos diciendo?, porque cada palabra que expresamos tiene poder. Proverbios 18:21 es un versículo que conozco desde hace años y que lo recuerdo permanentemente, porque me “aterriza” cada vez que lo leo; es por eso que pienso que nunca lo leeremos suficientes veces, nunca lo comprenderemos lo suficientemente bien, y nunca sobrará el hecho de recordarlo. Como usted seguramente sabe, este versículo enseña que la muerte y la vida están en el poder de la lengua, y quienes la consienten comerán de sus frutos, sea para muerte o para vida.
Básicamente, el escritor de Proverbios está diciendo en este versículo: “Cada vez que usted abre su boca, está ministrando muerte o vida, y lo que reparte por ella es lo que va a comer”.
Hemos escuchado la frase: “Te vas a tener que comer tus palabras” y Proverbios 18:21 confirma esta verdad. Las palabras que hablamos tienen poder para influir en nuestras vidas. De hecho, usted puede estar comiendo de sus palabras ahora mismo, y ésa podría ser la razón de que no haya gozo con su vida. Y es que, ¡Su boca puede estar metiéndolo en problemas consigo mismo!
Hay declaraciones tan sabias como la que hizo David hablando consigo mismo en el Salmo 103:1: “Bendice, alma mía, al Señor, y bendiga todo mi ser su santo nombre”. Y en 62:5, afirma: “Alma mía, en Dios solamente reposa, porque de él es mi esperanza”.
Es bueno recordarnos la fidelidad de Dios y la esperanza que tenemos en Él. Vale la pena seguir el ejemplo del salmista y empezar a declarar las numerosas maneras en que el Señor ha sido bueno con nosotros, pues al hacerlo declaramos vida sobre nosotros, recibiremos motivación y se alegrara nuestra alma.
Declara hoy: “Señor, quiero mantener mi corazón conectado al tuyo, que tu amor, tu paz y tu gozo estén conmigo, te agradezco por las pequeñas y grandes bendiciones que das a mi vida, declaro en voz alta vida para mí todo mi ser”.
Versículo: “Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios” Salmos 103:2(RVR60).
Buen Dia
Juan C Quintero
www.buendiatodoslosdias.com
Buen Dia – Conversaciones consigo mismo
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