
Como seres humanos a veces hacemos lo que no queremos hacer. Es algo que no se entiende muy bien, pero es una realidad.
Cuando nos acercamos a Jesús, nos damos cuenta de que somos pecadores y que aunque no queremos pecar, lo hacemos… esto demuestra que la naturaleza humana es débil y que requiere de alguien mayor, más grande, más poderoso que nos guie, fortalezca y restaure. Para muchos esta es una lucha diaria…
Si este es tu caso -como lo es el mío, le tengo noticias alentadoras, debe llevarlas ante la cruz de Jesús todos los días; es decir, debemos reconocer que el sacrificio de Jesús nos liberó, nos libera y nos liberará del pecado.
Nunca permitas que el pecado se apodere de ti, siempre busca al Señor, Él en su infinito amor te redimirá; y te dará también el poder del Espíritu Santo para no pecar más.
Ten en cuenta esto: “Mientras más reconocemos nuestra debilidad y nos rendimos ante el Señor, más fuerte es el poder divino que opera en nosotros para liberarnos”
Una vez más te digo, “necesitas ir a la cruz, a recordar el sacrificio, a entregarle a Jesús en arrepentimiento tu carga, tu problema, tu dificultad, tu vicio, tu dolor, ese pecado oculto no revelado a ninguna persona, es decir, todo, absolutamente todo puesto ante el Señor”.
No importa qué sea, tráelo a Jesús.
Versículo: “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”. 1 Juan 2:16 (RVR1960)
Buen día…
Juan C Quintero
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