He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.
Apocalipsis 21:3-4
No podemos hacernos una imagen del mundo que Dios prepara, porque se trata de algo enteramente nuevo: “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21:5).
Para resumir en cinco palabras la historia del mundo, no se lo podría hacer mejor que mediante el versículo de la fecha: “Lágrimas… muerte… llanto… clamor… dolor”.
Y todo esto a causa del pecado, lo que caracteriza la tierra actual desde el primer paraíso mencionado en el principio de la Biblia. Al final de ésta, Dios abre una salida hacia otro paraíso en la nueva creación donde habitará la justicia, ya que el pecado y sus tristes consecuencias habrán sido anulados (2 Pedro 3:13).
Entonces todo lo que caracteriza la tierra actual habrá desaparecido. Los creyentes habrán conocido las penas, pero entonces conocerán perfectamente lo que es la alegría; habrán conocido la muerte y sus consecuencias, pero entonces conocerán una vida que no acabará; conocerán la felicidad en vez del dolor.
En esa nueva creación los creyentes redimidos por Jesucristo no serán como Adán, en la inocencia. Al contrario, habiendo padecido las desdichas que el pecado introdujo en la primera creación, sabrán apreciar de manera perfecta la gracia de Dios y lo que él preparó para ellos. El mejor de los mundos es el de la presencia de Dios.
“En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre” (Salmo 16:11).
Malaquías 3-4 – Apocalipsis 22 – Salmo 150 – Proverbios 31:25-31
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