La gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
Juan 1:17
Esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús.
2 Timoteo 2:1
La palabra “gracia” sin duda es uno de los términos de la Biblia menos comprendido. La gracia no es, como algunos dicen, una especie de energía que, en un momento u otro, se derramaría sobre nosotros y nos haría capaces de dar lo mejor de nosotros mismos. Tampoco es una especie de acomodamiento de Dios a nuestra miseria. No, en la Biblia, la gracia tiene otro sentido: es el perdón o el indulto de pena, es el favor de Dios hacia los que merecen el juicio. Por gracia, el amor de Dios se derrama favorablemente hacia nosotros; nos tiende la mano para llevarnos a él.
No merecemos la gracia de Dios debido a nuestros esfuerzos, nuestras buenas obras o nuestras resoluciones. ¡Es un don de Dios! Nos ha sido dada en Jesucristo. No podemos recibir la gracia sin recibir a Jesús, y no podemos recibir a Jesús sin recibir la gracia de Dios.
La gracia despierta mi conciencia y la lleva a confesar mis pecados. Ella me conduce a la luz de la presencia de Dios quien se ocupa de mí con amor. Estaba perdido, alejado de Dios, y el Señor Jesús vino a mí porque conocía la extensión y la gravedad de mi pecado. Llevó sobre él la condenación que yo merecía y me dio la vida eterna. ¡Así es la gracia!
La gracia nos salva, y luego nos enseña. Nos da a conocer a Dios, y de este modo nos muestra cómo debemos conducirnos. También desvía nuestras miradas de nosotros mismos, hace que nos volvamos a Cristo y nos lleva a Dios. ¡La gracia siempre actúa así!
“La gracia de Dios se ha manifestado… enseñándonos que… vivamos piadosamente” (Tito 2:11-12).
Esdras 8 – Juan 5:1-23 – Salmo 116:1-11 – Proverbios 25:6-7
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