La aceptación no debe buscarse en los hombres sino en Dios. Por eso no debemos comprometer nuestra confesión de fe, la cual hicimos delante de Él y de testigos, declarando que Él es nuestro Señor y Salvador, y que nuestra vida es de Él.
Mantengámonos firmes, no queriendo agradar a nadie sino a Dios y siguiendo el ejemplo de Cristo, el cual se mantuvo fiel hasta el final para tener Su corona incorruptible, la cual nadie podía darle, solamente Su Padre que está en los Cielos.

Pastora Montserrat Bogaert
