La gran sorpresa
Preparados están juicios para los escarnecedores.
Proverbios 19:29
No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.
Gálatas 6:7
En un tren regional alemán, dos hombres hablaban del más allá. Uno de ellos afirmaba con seguridad que no había nada después de la muerte, pero el otro estaba menos seguro y se mostraba prudente.
En el mismo compartimento, un viejo campesino escuchaba con interés la conversación. Su rostro surcado por las arrugas reflejaba una vida de trabajo y mucho esfuerzo, pero también de reflexión y armonía interior. El primer interlocutor empezó a pregonar: «Si alguien quiere creer todavía en estas viejas historias, allá él. Que crea hasta su fin. ¿Se atrevería a defenderse aquí? Para mí, lo cierto es que cuando uno muere, está bien muerto, y ninguna puerta se abrirá sobre el más allá… ¡O entonces será la sorpresa!».
En ese momento el anciano no pudo contenerse más: «Si he comprendido bien, dijo con una voz profunda, como si se hablase a sí mismo, ¡lo que se ha dicho no son más que tonterías! Si el que está muerto, y bien muerto, puede llevarse una sorpresa, ¡entonces no se ha terminado todo! Y esta sorpresa podría ser perfectamente la de un incrédulo como el que acabamos de oír… Cuando muera y para él se abra la puerta de la Eternidad ante Dios, pienso que se llevará la verdadera y gran sorpresa. ¡Y nadie podrá bromear!».
De repente se hizo un silencio sepulcral en el compartimento… ya nadie tenía ganas de reír.
“Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios” (Eclesiastés 3:11).

Por: La Buena Semilla.
