El marinero tailandés
Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí. Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra.
Isaías 45:21-22
Procuraba ver quién era Jesús.
Lucas 19:3
Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios (Jesús), para que sepáis que tenéis vida eterna.
1 Juan 5:13
Cierto día Dindhal, un niño tailandés de 10 años, recibió un tratado que hablaba de una persona llamada Jesús. Dindhal lo leyó y tuvo la convicción de que lo que acababa de leer era cierto. Sin embargo, como no comprendía todo el sentido del texto, preguntó a sus padres quienes, como eran budistas, le aconsejaron que se olvidara de lo que acababa de leer.
Años más tarde, Dindhal fue a trabajar a un transatlántico. Durante una escala en Alaska, tuvo un poco de tiempo para visitar el puerto de Seward y llamar por teléfono a sus padres. Para ello entró en la «Seaman’s Mission» (Misión del Marinero), donde se le ofreció un tratado y un Nuevo Testamento escrito en su lengua materna. Como estaba tan contento de tener un libro escrito en su lengua materna, empezó rápidamente a leerlo. ¡Qué sorpresa cuando leyó en ese libro el nombre de Jesús, el mismo nombre que había encontrado en el tratado recibido 15 años atrás! Leyó y releyó todo sobre Jesús. Comprendió que Jesús es el Hijo de Dios, un Dios que ama a todos los hombres y que estableció un plan para salvarlos de sus pecados. Por esta razón Jesús vino a la tierra, murió en la cruz y resucitó, para que todos los que depositan su confianza en Él sean salvos. Dindhal quería pertenecer a esas personas, y sin esperar ni un momento más, le pidió a Jesús que fuese su Salvador personal. Regresó a su barco lleno de gozo, abrazando el libro que le permitió apagar su sed de conocer a Jesús.
Por: La Buena Semilla.