
En el camino ancho del que habla el Evangelio vamos tras nuestros deseos, donde se piensa como todo el mundo, sin reflexionar. En el camino estrecho, al seguir a Jesús, podemos encontrar la incomprensión, el desprecio, la burla, el abandono, e incluso la persecución. En el plano personal, pasamos por luchas, tenemos que renunciar a ciertas cosas y podemos encontrarnos solos. Pero el Señor nos anima paso a paso.
El camino de la fe es un camino de paciencia y fidelidad. ¡Qué gozo vivir nuestra vida cotidiana, en todos sus detalles, confiando sencillamente en Dios! Así es como progresamos, como adquirimos la inteligencia y la experiencia de la fe, tan necesaria para experimentar la paz del alma. ¡Es una fe vivida en medio de la esperanza y el amor! Es un camino de comunión tan largo como nuestra vida. Es el que Jesucristo nos mostró y en el cual desea acompañarnos hasta el final. También incluye etapas muy felices en las que Dios nos manifiesta su bondad “que permanece para siempre”.
