–Me resulta imposible creer en algo. ¡Viví tantas cosas terribles! Me pueden contar todo lo que quieran, pero ya no creo en nada.
Con estas palabras amargas y categóricas una anciana de un asilo respondía a alguien que le ofrecía un evangelio*.
–Señora, no puedo imaginar que en usted no haya el más mínimo sentimiento de confianza, que no crea absolutamente en nada. Si usted toma el avión, es porque cree en la capacidad del piloto y de los mecánicos. Cuando compra medicamentos, confía en sus valores terapéuticos sin hacer usted misma los análisis. Tampoco duda de que el próximo trimestre no vaya a recibir su pensión. Es claro que las terribles pruebas por las que ha pasado la afectaron grandemente. Usted ya no quiere creer más en el hombre porque no soporta ser más decepcionada. Crea en Dios, él nunca la decepcionará.
–Cuando veo lo que hacen los cristianos, ¿cómo quiere que crea en Dios?
–No se trata de adoptar una religión, muchas veces traicionada por los que dicen pertenecer a ella, sino de tener un encuentro personal con Dios. Basta con aceptar a Jesucristo, a quien Dios envió para nuestra salvación y nuestra felicidad eternas, con depositar nuestra confianza en su amor y en sus fieles promesas.
Al final pude dejarle un evangelio y ella me prometió leerlo.
*Un evangelio: Es decir, un folleto con el texto bíblico de uno de los 4 evangelios. Los evangelios relatan la historia de la vida, de la muerte y de la resurrección del Señor Jesús.
Por: La Buena Semilla.