
Todos queremos ser personas compasivas. Vemos a alguien luchando, entonces nuestro corazón se conmueve y decimos: “Estaré orando por ti” o “Avísame si hay algo que pueda hacer”. Y lo decimos en serio, porque realmente queremos ayudar.
En la Biblia, en la primera carta de Juan, capítulo 2, versos 17 al 18, dice: “Si alguien que posee bienes materiales ve que su hermano está pasando necesidad y no tiene compasión de él, ¿cómo se puede decir que el amor de Dios habita en él? Queridos hijos, no amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad. (NVI)
Aquí la Palabra de Dios nos mueve para ir más allá de las buenas intenciones. Nos hace una pregunta poderosa cuando dice que “si tenemos los medios para ayudar y no actuamos, ¿cómo puede el amor de Dios realmente estar viviendo en nosotros?”
Esta no es una condenación, sino más bien una motivación.
El amor no es solo algo que sentimos; es algo que hacemos, que se va de nuestros corazones a nuestras manos para ayudar.
El mundo está lleno de personas que necesitan una expresión real del cuidado de Dios.
Tal vez es un vecino que acaba de perder su trabajo, o una madre soltera que necesita alimentos; o tal vez es alguien que está sentado y solo después del servicio, que solo necesita que alguien le hable.
Es importante que sepas que el amor de Dios no son solo palabras, es acción y vida, para extender una mano de ayuda, para abrir la billetera, para atender a tiempo a un matrimonio en dificultad o para prevenir que un joven se descarrile.
Pero es claro que no estamos llamados a resolver todos los problemas, pero sí a estar dispuestos a ser usados, porque cuando todos lo hacemos, somos verdaderamente el cuerpo de Cristo.
Te motivo para que busques a una persona hoy a la que le puedas servir y hazlo en amor, con el amor de Dios.
Oremos: “Amado Señor, te pido que abras mis ojos a las necesidades que hay a mi alrededor. No dejes que mi amor se quede como un pensamiento en mi mente, sino que se extienda para que fluya a la acción. Úsame hoy para mostrarle a otros tu amor; lo oro en el Nombre de Jesús. Amén”.
Versículo: “Si alguien que posee bienes materiales ve que su hermano está pasando necesidad y no tiene compasión de él, ¿cómo se puede decir que el amor de Dios habita en él? Queridos hijos, no amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad. 1 Juan 3:17-18 (NVI)
Buen Día
Juan C Quintero
Buendiatodoslosdias.com
