Encontramos el amor de Dios de muchas maneras cada día.
Su fidelidad se manifiesta en cada amanecer que nos
regala una nueva oportunidad. Su provisión se hace
presente en el alimento que llega a nuestra mesa,
y su cuidado se refleja en el hogar que
nos brinda refugio y seguridad.
El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que
lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos
dará también con él todas las cosas?”
Romanos 8:32
