
«Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error» Efesios 4:14
Le daba gracias al Señor esta mañana porque ordenó que yo estuviera expuesto a Su Palabra desde el vientre de mi madre. Porque yo “nací dentro de una religión”, que mis padres en ese momento militaban con mucha perseverancia.
Sea cual sea el medio que Dios use para hacer llegar Su Palabra a nosotros, el punto es que esa Palabra siempre tiene un efecto, siempre consigue lo que Él quiere. Uno de esos efectos maravillosos y estupendos es que es difícil engañar a un siervo de Dios.
Si existen escuelas y universidades que nos entrenan para pensar, las Escrituras nos crían en el razonamiento espiritual del Reino. Por eso Cristo constituyó «a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros» a fin de que «lleguemos al conocimiento del Hijo de Dios», y no nos dejemos engañar de los engañadores.
Sin embargo, me quedo atónito de cómo este sabio e importantísimo consejo no ha sido atendido por los cristianos en toda la Historia.
10 Junio 2026

