Púlpito Evangélico: Cuando la voluntad se rinde

Cuando la voluntad se rinde

Pastor Jorge L. Cintrón

Serie: El Camino del Amor Redentor

 

Mensaje presentado en el Pabellón de Oración de la Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico el 15 de marzo de 2026 – 10:15 AM

 

Texto Bíblico: Lucas 22:42

 

“Diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.

 

Introducción

 

Hay momentos en la vida en que sabemos claramente cuál es la voluntad de Dios… pero también sabemos cuánto puede costarnos obedecerla. Momentos en los que el corazón lucha. Momentos en los que la fe no elimina el peso de la decisión. Momentos en los que uno quisiera que el camino fuera otro. En la vida de Jesús hubo un momento así. No ocurrió frente a una multitud. No ocurrió en el templo. Ocurrió en silencio… en un jardín… en medio de la noche. Allí el Hijo se arrodilló y pronunció una de las oraciones más profundas de toda la historia: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.” Lucas 22:42

 

Getsemaní es el momento en que el Hijo enfrenta el peso de La Cruz antes de que La Cruz llegue.

 

Esta porción escritural nos hace llegar a uno de los momentos más profundos del ministerio terrenal de Jesús. Antes del Calvario hubo un jardín. Antes de los clavos hubo una oración. Antes del sacrificio público hubo una lucha interior.

 

En ese jardín llamado Getsemaní ocurre uno de los momentos más solemnes de toda la historia de la redención. Allí Jesús enfrenta el peso de lo que está a punto de suceder. Allí se pronuncian palabras que revelan el corazón mismo del amor redentor. Es el momento en que la voluntad del Hijo se somete plenamente al plan del Padre.

 

La Cruz se levantaría en el Calvario, pero la obediencia que la hizo posible se afirmó en Getsemaní.

 

En Getsemaní vemos la lucha interior del Hijo.

 

El evangelio de Lucas nos permite entrar en un momento profundamente humano de la vida de Cristo. Jesús no está rodeado de multitudes. No está realizando milagros. No está enseñando a las multitudes. Está en un jardín, en la oscuridad de la noche, enfrentando el peso de lo que viene.

 

Los otros evangelios hablan de la profunda tristeza y angustia que experimenta Jesús, y Lucas añade un detalle impresionante. Nos dice que su agonía fue tan intensa que su sudor se volvió como grandes gotas de sangre que caían a tierra. Ese lenguaje describe una lucha espiritual extrema. Aquí vemos algo muy importante. La obediencia de Cristo no fue fría ni automática. Jesús enfrentó el peso de La Cruz con plena conciencia de lo que significaba. En Getsemaní vemos al Hijo enfrentando el peso de la redención antes de que los clavos atraviesen sus manos.

 

En Getsemaní Jesús enfrenta la copa que debía beber.

 

En su oración Jesús dice: “Padre… pasa de mí esta copa.” En la Biblia la copa es una imagen frecuente del juicio de Dios. Los profetas hablaron muchas veces de la copa de la ira divina que debía ser bebida por los culpables.

 

Cuando Jesús habla de esta copa no está pensando solamente en el dolor físico de la crucifixión. La copa incluye algo mucho más profundo. Incluye el peso del pecado del mundo. Incluye la experiencia del juicio que el pecado merece. Incluye el momento en que el Hijo cargaría sobre sí mismo la culpa de la humanidad. Jesús está mirando de frente ese momento. En ese momento Jesús mira hacia adelante…Ve la traición. Ve el juicio injusto. Ve los azotes. Ve la corona de espinas. Ve el camino hacia el Calvario. Pero sobre todo… ve algo más profundo. Ve el momento en que el pecado del mundo será colocado sobre Él. Y entonces en medio de esa agonía pronuncia una oración que revela la lucha del corazón humano perfecto: “Padre… si quieres… pasa de mí esta copa…Pero luego pronuncia las palabras que cambiaron la historia del mundo: “Pero no se haga mi voluntad… sino la tuya.”

 

En ese momento la Cruz queda decidida. La Cruz se levantaría en el Calvario, pero el camino hacia ella quedó sellado en Getsemaní.

 

Por eso la oración de Getsemaní está llena de intensidad. No es temor al sufrimiento solamente. Es el peso espiritual de la redención.

 

En Getsemaní ocurre el momento decisivo de la voluntad.

 

La oración de Jesús tiene una estructura profundamente reveladora. En esta breve oración podemos ver tres movimientos espirituales muy profundos.

 

Primero dice: “Padre, si quieres…” Antes de expresar su deseo, Jesús reconoce la soberanía del Padre.

 

Luego expresa su petición: “pasa de mí esta copa.” Jesús no oculta su angustia. Su oración es completamente honesta.

 

Pero finalmente llega la frase decisiva:no se haga mi voluntad, sino la tuya.” Aquí ocurre la verdadera rendición. No es resignación. No es fatalismo. Es sumisión consciente bajo presión extrema.

 

La verdadera obediencia no ocurre cuando la voluntad de Dios coincide con la nuestra, sino cuando decidimos someternos a ella aunque cueste.

 

En Getsemaní vemos la obediencia bajo agonía.

 

Lucas añade un detalle que revela la intensidad del momento. Nos dice que un ángel del cielo apareció para fortalecer a Jesús. Esto es profundamente significativo. Jesús pidió que la copa pasara. El Padre no quitó la copa. Pero el cielo envió fuerza para beberla. Eso revela algo importante sobre la vida espiritual. Dios no siempre elimina las pruebas. Pero siempre concede la gracia necesaria para enfrentarlas.

 

En medio de la agonía, Jesús permanece firme en su obediencia.

 

En Getsemaní se decide el camino hacia La Cruz.

 

La historia de la redención comienza en un jardín. En el jardín del Edén, el primer hombre dijo no a la voluntad de Dios. Pero en otro jardín, el Hijo de Dios dice: “No se haga mi voluntad, sino la tuya.” Donde el primer Adán falló, el segundo Adán obedeció. La Cruz no comienza en el Calvario. La Cruz comienza en el momento en que el Hijo decide beber la copa.

 

Conclusión

 

Getsemaní nos permite ver el corazón del amor redentor. Antes de la traición. Antes del juicio.  Antes del Calvario.

 

Jesús se inclina en oración y somete su voluntad al Padre.

 

La redención del mundo pasa por ese momento. Cuando el Hijo dice: “No se haga mi voluntad.” Gracias a esa obediencia hoy hay salvación. Gracias a esa rendición hoy hay perdón. Gracias a esa decisión en el jardín hoy hay esperanza para el mundo.

 

La decisión que hizo posible La Cruz ocurrió en Getsemaní..

 

Después de esa oración, Jesús se levanta. La lucha ha terminado. La voluntad está rendida. Cuando los soldados llegan a arrestarlo, Jesús ya está preparado. Porque la batalla más profunda no se libró en el Calvario… sino en Getsemaní.

 

La historia de la redención pasa por dos jardines. En el primer jardín, el hombre dijo: “No se haga tu voluntad” y el pecado entró en el mundo. Pero en otro jardín, el Hijo dijo: “No se haga mi voluntad, sino la tuya” y comenzó el camino de nuestra redención.

 

Gracias a esa oración en Getsemaní…Jesús caminó hacia el Calvario. Gracias a esa rendición…La Cruz se convirtió en el lugar donde el amor de Dios salvó al mundo. Porque La Cruz se levantó en el Calvario…pero la obediencia que la hizo posible nació en Getsemaní.

 

Y la pregunta que este pasaje nos hace hoy es sencilla pero profunda: ¿Estamos dispuestos a decir también: “Señor, no se haga mi voluntad, sino la tuya”?

Jorge Cintron
Jorge Cintronhttp://www.elversiculodeldia.com
Pastor en Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico

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