
«Pero supongamos que intentamos ser declarados justos ante Dios por medio de la fe en Cristo y luego se nos declara culpables por haber abandonado la ley. ¿Acaso esto quiere decir que Cristo nos ha llevado al pecado? ¡Por supuesto que no!» Gálatas 2:17
En el anterior versículo 16 Pablo citaba la reprensión que tuvo que dirigir al apóstol Pedro. Aquí vuelve a dirigirse a los gálatas, porque hay que aclarar algo: si la Ley estuviera “vigente” todavía, eso tendría que significar que el Evangelio de Cristo ha apartado, sobre todo a los judíos a quienes se les dio la Ley, de un medio de justificación.
«Los judíos se equivocaban al reclamar santidad alguna para sí mismos aparte de Cristo, cuando no la tenían. De ahí surgió la queja: “¿Vino Cristo a arrebatarnos la justicia de la ley, a convertir a los santos en hombres contaminados, a someternos al pecado y a la culpa?”. Pablo lo niega y rechaza la blasfemia con aborrecimiento. Cristo no trajo el pecado, sino que lo desveló; no quitó la justicia, sino que despojó a los judíos de un falso disfraz» Juan Calvino.
La conclusión del versículo 16 es que “nadie puede ser justificado por las obras de la Ley”; por eso vino Cristo, porque el que falla en un punto de la Ley, ha fallado en toda (Santiago 2:10). Nunca lo hubiésemos logrado.

