«De hecho, Santiago, Pedro y Juan —quienes eran considerados pilares de la iglesia— reconocieron el don que Dios me había dado y nos aceptaron a Bernabé y a mí como sus colegas. Nos animaron a seguir predicando a los gentiles mientras ellos continuaban su tarea con los judíos. Sólo nos encomendaron que siguiéramos ayudando a los pobres, algo que yo siempre tengo deseos de hacer» Gálatas 2:9-10
El orden en que Pablo cita a los líderes de la Iglesia de Jerusalén, es notado muy puntualmente por los eruditos y estudiosos: el líder visible de esta Iglesia no era Pedro, sino Jacobo, como se desprende de otros textos, no solo de éste. Pedro nunca fue “Papa”, porque ni siquiera era el líder en Jerusalén.
Bueno, por su lado, Pablo ha demostrado hasta ahora 1. Que el Evangelio que predicaba le fue revelado directamente por Cristo. 2. Que no tuvo necesidad de ir a Jerusalén ni a buscar reconocimiento, ni certificaciones, ni “cartas de recomendación”, como los farsantes que se presentaron en las iglesias que Pablo había fundado, supuestamente “autorizados” desde Jerusalén. 3. Que cuando fue a Jerusalén, el resultado de su visita fue simplemente el reconocimiento de parte de los líderes de que Dios le había dado un Ministerio diferente (en cuanto al público, porque el Mensaje era el mismo), pero que igual ellos se gozaban en esto.
La Historia, reciente o antigua, siempre nos pone en la perspectiva correcta, por eso es bueno tener buena memoria.

