
La primera Navidad no tuvo luces brillantes ni grandes celebraciones.
Jesús nació en un lugar humilde, rodeado de animales y en un entorno muy frágil.
Sin embargo, allí, en medio de lo ordinario, recibió la primera adoración de un grupo de pastores que llegaron por el anuncio que recibieron, se postraron y adoraron, un tiempo después y luego de recorrer miles de kilómetros llegan los sabios.
Te invito para que así como estos pastores y los sabios decidieron obedecer y buscar a Jesús para adorarlo, tú también puedas tener un encuentro con Él en estos días rutinarios y tradicionales.
Debes saber que la verdadera adoración no requiere condiciones especiales, sino que ocurre cuando, en medio de todo lo cotidiano, como nuestro trabajo, la rutina del hogar, las carreras del día, decidimos rendir nuestra vida ante Jesús.
Cada acto de obediencia y gratitud se convierte en una ofrenda. Como dice Filipenses 2:7-8 (NVI): “Se despojó a sí mismo, tomando la forma de siervo… se humilló a sí mismo”.
Dios se hizo accesible en lo sencillo, y nuestra adoración más auténtica sucede en el lugar en donde estemos.
Ofrecemos a Jesús nuestro tiempo, recursos, talentos y nuestras propias vidas, no porque él los necesite, sino porque dar es el lenguaje del amor.
Cuando damos lo mejor de nosotros, decimos: “Eres lo más importante para mí”.
Te motivo para que hoy busques Su presencia en lo simple. Y que, en los días por venir, conviertas tus tareas diarias en actos de adoración.
Que la gratitud transforme tu perspectiva de la vida, porque cuando das adoración al Señor en lo ordinario, lo cotidiano se llena de su gloria y tu vida se alinea con el cielo.
Cierra el día diferente. Detente, agradece y adora. Verás cómo tus momentos comunes brillarán con el regalo de Su presencia.
Oremos: “Amado Señor, gracias por venir al mundo, gracias por el sacrificio de hacerte como nosotros siendo Dios. Te damos con esta oración nuestra mejor alabanza; te entregamos nuestra vida y ponemos en tus manos todo lo que somos y lo que hacemos. Oramos para que nuestra vida refleje el amor de Dios; esto lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.”
Buen Día
Juan C Quintero
Buendiatodoslosdias.com
