
A todos nos ha pasado, ya sea que se hayan cometido errores, que se haya fallado en algo que se había prometido, o que se haya caído en el mismo pecado otra vez, entonces la vergüenza o el desánimo quieren mantenernos derrotados, y el enemigo susurra: “eres un(a) fracasado(a), no te puedes levantar”.
En esos casos se siente que se le ha fallado a Dios y al compromiso personal asumido.
Si este es tu caso, hoy te traigo un mensaje de esperanza para que comprendas que “la caída no es el final de tu historia”.
Nuestro Dios no es un Dios que te condena cuando caes, sino un Padre amoroso que extiende su mano para levantarte.
El salmista lo declaró con confianza en Salmo 37, verso 24, que dice: « Aunque tropiecen, nunca caerán, porque el Señor los sostiene de la mano». (NTV)
¡Qué promesa! La caída es algo que ocurre cuando caminamos, pero permanecer en el suelo no lo es.
La gracia de Dios es más grande que tu fracaso. Su misericordia es nueva cada mañana.
Él no te mira con desprecio, sino con compasión. Dios está listo para limpiarte, restaurarte y darte la fuerza para regresar al camino correcto.
Así que, si has caído, no te quedes ahí mirando el error.
Levanta la vista, extiende tu mano hacia tu Padre y recibe su perdón y su restauración.
Así entonces, debes saber que tu caída puede convertirse en el testimonio más grande de la fidelidad restauradora de Dios.
Oremos: “Amado Señor, reconozco ante ti mis debilidades y cada vez que me he caído. Te pido perdón. Gracias porque tu gracia me sostiene y tu mano está lista para levantarme. Ayúdame a permanecer en el camino y hacer tu voluntad, esto lo oro en el Nombre de Jesús, Amén”.
Versículo: « Aunque tropiecen, nunca caerán, porque el Señor los sostiene de la mano». Salmo 37:24 (NTV)
Buen Día
Juan C Quintero
Buendiatodoslosdias.com
