UNA JUSTICIA QUE NACE DEL CORAZÓN
Serie: -La Vida del Reino-
Pastor Jorge L. Cintrón
Mensaje para ser presentada en el Pabellón de Oración de la Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico el 7 de septiembre de 2025, 10:15am
Texto Bíblico: Mateo 5:17–48
“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, este será llamado grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos (Mateo 5:17-20)……Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo (Mateo 5:21.22)….. Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo (Mateo 5:27, 28)….. También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. Pero yo os digo(Mateo 5:31,32) … Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. Pero yo os digo (Mateo 5:33,34)….. Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo (Mateo 5:38,39)….. Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: (Mateo 5:43,44)….”.)
Pablo escribió sobre la Ley: “De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo” (Gálatas 3:24-25)
Jesús le dijo a sus discípulos en Sermón del Monte: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, este será llamado grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos (Mateo 5:17-20)
Jesús no vino a eliminar la Ley Judía, sino a darle su cumplimiento verdadero. La Ley Judía era buena, pero había sido reducida a un código externo, una lista de normas que se podían cumplir “de labios para afuera”. Jesús expone el corazón del Padre: la justicia del Reino no es apariencia, sino transformación interior.
¿Vivo mi fe como una lista de reglas… o como una relación que transforma mi corazón?
Al un intérprete de la ley judía, preguntarle a Jesús para tentarle: “Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?” Jesús le respondió: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”. (Mateo 22:34-40) Lo común en esos dos mandamientos es el amor: amor a Dios, amor al prójimo. El propósito de la Ley Judía era ayudar al judío a andar por el camino del amor. Preparar su corazón para que pudiera descubrir el amor de Dios en Cristo Jesús.
La justicia del Reino va más allá de las apariencias
Los fariseos eran expertos en reglas externas, pero faltos de vida interior. Jesús eleva el estándar: “si vuestra justicia no es mayor que la de los fariseos…” Dios no busca “cumplidores de normas”, sino hijos transformados por el amor.
La justicia del Reino toca lo invisible.
Jesús usa seis ejemplos para mostrar que la verdadera justicia es del corazón.
“Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.” El odio y el desprecio son raíces de asesinato. La reconciliación es más importante que los mismos actos de adoración a Dios.
“Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.” Tiene que haber pureza interior. Jesús revela que la lujuria es adulterio en el corazón. La pureza comienza en lo secreto, en los pensamientos.
“También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio”
“Bebe el agua de tu misma cisterna,
Y los raudales de tu propio pozo.
¿Se derramarán tus fuentes por las calles,
Y tus corrientes de aguas por las plazas?
Sean para ti solo,
Y no para los extraños contigo.
Sea bendito tu manantial,
Y alégrate con la mujer de tu juventud,
Como cierva amada y graciosa gacela.
Sus caricias te satisfagan en todo tiempo,
Y en su amor recréate siempre.
¿Y por qué, hijo mío, andarás ciego con la mujer ajena,
Y abrazarás el seno de la extraña?
Porque los caminos del hombre están ante los ojos de Jehová,
Y él considera todas sus veredas.
(Proverbios 5:15-21)
“Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede”. Hay que vivir con integridad. El Reino se caracteriza por una palabra confiable: “sí” que sea sí, “no” que sea no. La transparencia interior reemplaza la necesidad de juramentos.
Jesús no solo quiere cambiar lo que hacemos en público, sino lo que pensamos en privado.
“Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses”. No vengarse, sino perdonar. “Ojo por ojo” era justicia limitada; Jesús enseña la gracia sin límites.
“Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”. Amar al enemigo refleja al Padre. Amar a los que nos aman es natural, pero amar a los que nos odian es divino. Jesús nos llama a ser “hijos de vuestro Padre celestial”. Orar por los que persiguen. La oración no cambia solo al enemigo, también transforma mi propio corazón. La justicia del Reino se nota más cuando somos generosos con quien menos lo merece.
Jesús nos invita a una justicia que nace del corazón, no de las apariencias.
La vida del Reino no se mide por “lo que la gente ve”, sino por lo que Dios transforma en lo secreto. Esta justicia no es alcanzada por esfuerzo humano, sino por la obra del Espíritu en nosotros.
¿Estoy viviendo una justicia de “cumplimiento externo” o una justicia de transformación interna? ¿Soy más parecido a un fariseo o a un ciudadano del Reino? ¿Qué área de mi vida necesita ser sanada desde adentro hoy?
Permite que Cristo escriba su ley en tu corazón. “Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.” (Jeremías 31:33).
La justicia del Reino no se trata de “parecer justo”, sino de ser transformado desde dentro por el amor de Dios.

